Pues sí, durante todo el mes de junio, van a celebrarse unas jornadas gastronómicas muy especiales que van a dar mucho que hablar. Y como no puede ser de otra forma, será enLa Encantaria de Zaragoza, un pequeño-gran restaurante que se está haciendo, a base de su esfuerzo e imaginación, un lugar en nuestros estómagos (y corazones). Joan e Isabel, amantes como son del Misterio, quieren celebrar con todos vosotros la llegada del verano con un menú que seguro hará chuparos los dedos; así como rendir un homenaje a tantos personajes y enigmas clásicos que veréis reflejados en sus platos:
Como siempre, cada plato ha sido reflexionado y confeccionado con absoluta atención, aquí tenéis su historia:
Y, ¿dónde está La Encantaria? Pues en la calle Sevilla nº 7 (tlf. 627944502) en Zaragoza y se recomienda hacer reserva telefónica.
¡Es una cita que no os podéis perder! ¡Buen provechoa todos!
Como todos los años, el grupo S.I.P.E., al que tengo el honor de pertenecer,organiza su ciclo de conferencias dedicadas a... sí, ¡al misterio! Toda una tradición indispensable por estos lares. La cita será el 4 de mayo en la localidad de Pinseque (Zaragoza). ¿No te suena dónde está? Te damos las coordenadas: 41º 44' 16,86" N. 01º 05' 57,84 O.
La Casa de Cultura Puysec se encuentra en C/ Campo nº 17. La apertura de puertas será a partir de las 10:30 de la mañana y la jornada comenzará a las 11:00 con la presentación deHay otros mundos, pero están en este (Ediciones Cydonia) en el que tanto mis compañeros de Dimensión Límite como yo hemos participado. Después continuaremos con las siguientes ponencias:
Luis Silva Alquimia: en busca de la Piedra Filosofal Pausa para almorzar Marcelino Requejo: Más allá de la casualidad Carlos G. Fernández: Psicofonías: consejos de grabación y escucha Anabela Cardoso: Cuadernos TCI Mesa redonda moderada por Javier García Blanco. Después de cenar, realizaremos de cara al público que quiera acercarse y participar con nosotros, la grabación del programa de radio Dimensión Límite. Estarán con nosotros también el dúo mágico de Ciencia & Ficción, Yvan Figueiras y Mikel Navarro. Aunque la entrada será libre y gratuita hasta completar aforo, todos los asistentes deberán traer 1 kilo de comida no perecedera, como por ejemplo: aceite, leche, latas, galletas, cereales, embutidos envasados al vacío, arroz, pasta, lentejas, garbanzos, judías blancas, harina, sal, caldo, tomate frito, zumo o pan de molde. Todo lo recaudado será recogido por la ONG Cáritas para repartirlo entre los más necesitados. ¡Estáis todos invitados!
Para los que vengáis de fuera, existe la siguiente oferta hostelera en las cercanías:
Desde la Tabla Esmeralda queremos invitaros a conocer el último proyecto de esta familia radiofónica que esDimensión Límite: un libro. Y este libro se llama Hay otros mundos, pero están en este. La frase del título no es nuestra, pertenece al poeta francés Eugène Grindel, más conocido como Paul Éluard, príncipe dadá y vicario del surrealismo. Y como el título sugiere, es un libro que tratará de mostraros, a través de sus capítulos, diferentes mundos que conforman nuestra realidad, que están aquí, con nosotros, en los cuales nos movemos y vivimos.
David Cuevas y Ediciones Cydonia, sin la cual no habría sido posible esta nueva aventura, concibieron la idea de un libro solidario donde firmas periodísticas bien conocidas, así como profesionales de diversos campos, unieran su talento desinteresadamente para crear algo único y pionero en ese nebuloso panorama denominado por algunos como el mundo del misterio. Un capítulo, un autor diferente, un mundo distinto. Desde la India, pasando por la Amazonia, divisando las pirámides de Guiza hasta una carretera perdida en la provincia de Zamora, son los lugares, entre otros, que os invitamos a recorrer. Historia antigua, antropología, cine, psicología, ufología, sociología... un libro multidisciplinar del que el 15% de los beneficios recaudados irán destinados a la ONG Médicos sin Fronteras; de los 19'50 euros de su precio, 3 irán directamente a su fondo de emergencias.
¿Y quiénes son los autores? Chris Aubeck, Carlos Canales, José Antonio Caravaca, Bruno Cardeñosa, Miguel Ángel Ruiz, Víctor Martínez, Miguel Pedrero, Lourdes Gómez, Jacques Vallée, David Benito, Fran Contreras, Jesús Callejo, José Miguel Parra, Juan Ignacio Cuesta, Antonio Luís Moyano, Juan Antonio Belmonte, Vicente París, Diego Cortijo, Lorenzo Fernández, Miguel Blanco, Carlos G. Fernández, Moisés Garrido, Manuel Carballal, Yvan Figueiras, Marcelino Requejo, Beatriz Erlanz, David y Germán Tenorio, J.J. Benítez, José Juan Montejo, Mikel Navarro, Oscar Iborra, Manuel Berrocal, Jaume Esteve, José Luís Ortiz, José Miguel Pérez Navarro, Anabela Cardoso, Fernando Rueda, Juan José Sánchez-Oro y David Cuevas.
Casi nada, chavalada. Aquí puedes adquirir tu ejemplar y también descargar enpdf las primeras páginas de esta obra, así como curiosear la temática de sus capítulos:
Kitsune de nueve colas aterrorizando al príncipe Hanzoku
¿Sabes qué es un kitsune? Pues en las páginas de este libro lo podrás averiguar, en concreto en el capítulo en el que servidora da rienda suelta a su obsesión con Japón, haciendo una introducción a su folclore fantástico. Pero mis compañeros de Dimensión Límite, Mikel Navarro, Yvan Figueiras, Chris Aubeck, Diego Cortijo, Lourdes Gómez, Juan José Sánchez-Oro, David Cuevas, Oscar Iborra y José Juan Montejo tampoco se quedan atrás, con unas aportaciones magníficas que seguro os sorprenderán... ¡generación DL! Gracias a todos por estar allí y deseamos de todo corazón que disfrutéis de este libro.
Como no podía ser de otra forma, La Encantaria nos vuelve a sorprender con unas jornadas muy adecuadas para los próximos días de vacaciones religiosas que nos esperan. Con sano sentido del humor y el habitual excelente buen gusto de su chef, Joan Rosell; creyentes y no creyentes estáis invitados a disfrutar de un menú que seguro no os dejará indiferentes:
Como los habituales de La Encantaria sabréis, cada plato de las jornadas tiene su propia historia... nada se deja al azar:
Y, ¿dónde está La Encantaria? Pues en lacalle Sevilla nº 7 (tlf 627944502) en Zaragoza y se recomienda hacer reserva telefónica.
El canibalismo. Un tema bastante perturbador, morboso e, incluso,
algo incómodo, que horroriza como fascina a la sociedad contemporánea occidental. Nos remite a tiempos pretéritos, a gentes y pueblos primitivos,
a ancestrales ritos o costumbres feroces; o también a crimen,
desesperación y enfermedad mental.
Según el diccionario de la lengua
española de Espasa Calpe, el canibalismo es “la costumbre
de comer carne de seres de la propia especie, sobre todo por parte de
los hombres.”
¿De
dónde procede esta palabra? Pues es una deformación del nombre de
una tribu de las Antillas, Venezuela y las Guayanas, los indios
caribes, con los que los españoles se toparon al llegar a América;
y a los que describieron como belicosos, feroces y con la
característica de devorar a otros pueblos, como los taínos. Es muy
difícil tratar de discernir si realmente los bravos indios caribes
practicaban el canibalismo, probablemente lo hicieran, pero lo que sí
es cierto es que españoles y más tarde holandeses, franceses e
ingleses, utilizaron este pretexto para esclavizarlos a ellos y a
otra multitud de pueblos más, como los maoríes, melanesios y otros
pueblos del Pacífico.
Teniendo
clara ya la etimología de la palabra, podríamos distinguir también
entre canibalismo y antropofagia. El canibalismo siempre, a nivel
antropológico, estará vinculado a un ritual; en cambio la
antropofagia solo designa el consumo de carne humana por parte de
otros seres humanos sin un contexto específico. Y habría que
distinguir también entre endocanibalismo y exocanibalismo, señalando
que casi nunca coexisten ambas formas en una misma sociedad. Pero esta clasificación, aparentemente tan cabal y simple, es engañosa y no es capaz de abarcar todo el fenómeno en sí. Muchos discreparían y con toda la razón. Debemos ser claros: el canibalismo es un fenómeno antiquísimo y poliédrico. Intentar domeñarlo o analizarlo es muy complicado; y esta Tabla Esmeralda con total seguridad no arañe ni la superficie, ni abarque las suficientes perspectivas para intentar comprenderlo satisfactoriamente. Dejémoslo en un pequeño conato algo presuntuoso... pero con las mejores de las intenciones.
El navegante alemán Hans Staden describió con detalles minuciosos parte de la dieta de los indios tupinambáes de Brasil
Se
podrían mentar centenares de anécdotas, historias y verdaderas
tradiciones vinculadas con el canibalismo en todos los continentes
habitados, en todos. Y Europa y España no se libran de ellas, desde
la estigmatización de la población judía a través del monstruo
que devora niños (como el sacamantecas); hasta la figura del vampiro, con un cruel y
sospechoso de prácticas caníbales príncipe válaco de inspiración,
Vlad Tepes; o una noble húngara de costumbres sádicas y atribuciones
también muy sangrientas, Isabel Báthory. Esto se debe a que el
canibalismo, por mucho que nos cueste aceptarlo, forma parte de
nuestro legado histórico-cultural como seres humanos. El
canibalismo, tanto en las sociedades donde ya no se practica como tal
hasta en los últimos reductos de las selvas de Borneo, ha tenido siempre múltiples caras e
interpretaciones; puede ser un símbolo de creación, de unión con
la divinidad, puede representar el acto que ampara el orden cósmico
y por ende, un sustentador de la cohesión social. En nuestra propia
sociedad judeo-cristiana la religiosidad está fundamentada en el
concepto de un dios devorado, la comunión con él a través de su
carne y sangre. Y junto a todo esto, aparece también la noción de
sacrificio, que acompañará en multitud de ocasiones al canibalismo
ritual.
Pero, ¿desde cuándo tenemos
atestiguadas prácticas caníbales entre humanos? Dejando de lado las
ideas febriles del húngaro Oskar Kiss Maerth, que en su obra del año
1969 El principio era el fin, afirmaba que los simios habían
evolucionado hasta el homo sapiens a consecuencia de la
ingesta de cerebros frescos de sus congéneres; sí que es cierto que el canibalismo lo tenemos atestiguado desde muy antiguo...
Se encontraron en nuestro país, en
concreto en una cueva cercana a la población asturiana de Vallobal,
los restos de una monumental comilona caníbal perpetrada por
neandertales hace más de 40.000 años. Pero podemos ir mucho más
atrás en el tiempo, en Atapuerca, se han hallado restos de humanos
devorados por otros humanos, incluidos niños. El homo antecessor
se devoraba a sí mismo de manera sistemática y violenta, sin
indicios de la existencia de ningún ritual. ¿Por qué? Es una buena
pregunta, quizás nunca lleguemos a saber la respuesta. Lo que sí
está claro es que nuestros antepasados evolutivos se comían los
unos a los otros... y el homo sapiens, también.
Recreación de un homo antecessor hembra practicando canibalismo
Por diversos motivos, los homo
sapiens también nos hemos comido los unos a los otros, no
podemos negar que ha sido y es, una expresión de nuestra propia
naturaleza. El canibalismo ha
servido a diferentes fines, criminales, religiosos, de cohesión
social, comunión o sencillamente alimento. Y que también, desde la
Antigüedad Clásica occidental, ha sido símbolo de barbarie, una de
las últimas fronteras que separan lo humano de lo inhumano,
del salvajismo, de la bestialidad.
En las diferentes culturas de diversos
pueblos, son conocidos mitos y leyendas que hablan de canibalismo
como una práctica aberrante... o no. Tenemos de ejemplo a la
diosa marina Sedna, perteneciente al pueblo Inuit, señora también
del Inframundo, y que según algunas leyendas, poseída de un hambre
furiosa, intentó devorar a sus propios padres. No es un deidad
amable con los humanos, a los que engulle si se topa con ellos. En la
mitología escandinava, encontramos también en la figura del gigante
Ymir, remanentes de un canibalismo primordial donde este gigante
mitológico, es asesinado y desmembrado para que de él se forme el
mundo tal como lo conocemos, Midgard. Algo similar sucede con otro gigante de
la mitología de la India, Purusha, de cuyo cuerpo y sangre surge
todo lo existente gracias a que los devas lo matan y
descuartizan. Entre los indios algonquinos, habitantes del norte de
Estados Unidos y Canadá, es conocida la leyenda del Wendigo,
espíritu de los bosques más profundos, que lleva la locura con su
llamada allá donde va, y que no es mas que la representación de la
demencia y oscuridad humanas que provocan el aislamiento y la soledad
en los largos inviernos septentrionales, conduciendo al canibalismo
por falta de alimento a los que lo sufren.
Pero el mito más conocido de
canibalismo es, sin duda, el que Cronos cometió con sus hijos,
aunque no es el único. La hija del rey de Atenas, Procne decide
vengarse de su marido, el tracio Tereo, por haber violado, cortado la
lengua y aprisionado a su hermana pequeña, Filomela. Su acción,
proveniente de la furia y la desesperación, consistió en matar,
guisar y ofrecer a Tereo en un opíparo banquete al hijo de ambos,
Itis. Pero el canibalismo también aparece disfrazado en la mitología
clásica en multitud de ocasiones: algunas divinidades infernales
como las Keres, llamadas “las perras de Hades”, se dedicaban en
las batallas a descuartizar y beber la sangre de los guerreros; tampoco los cíclopes hacían ascos a la carne humana y
Hércules dio de comer al rey tracio Diomedes a sus propias yeguas,
que ya estaban acostumbradas a una dieta así de especial.
El banquete de Tereo de Rubens
Históricamente, tanto Heródoto,
Tácito, Flavio Josefo o Juvenal registraron actos caníbales, tanto culturales,
religiosos como por pura hambre. Nadie duda que durante los largos y
terribles asedios de las ciudades que trataban de resistir, se
acudiera a prácticas caníbales, como sucedió en Numancia, Sagunto...
El civilizado Egipto tampoco se libra: al final del Imperio Antiguo, en el tercer milenio antes de Cristo, durante "los años de los chacales", la tremenda hambruna dirigió a la población a la antropofagia. Tampoco hace falta irse tan lejos: ya en la Edad Contemporánea, durante la II Guerra Mundial en el atroz sitio de Leningrado, los actos de canibalismo se multiplicaron de manera exponencial. El rigor del invierno (40 grados bajo cero) y casi 900 días de acorralamiento en la oscuridad, condujeron a miles de ciudadanos a la necrofagia, asesinato y canibalismo. Existían bandas organizadas que, de distrito en distrito de la ciudad, "cazaban" literalmente ciudadanos para luego devorarlos. Se vendía carne humana en los mercados. También está perfectamente documentado el canibalismo desesperado durante el Holocausto Ucraniano (Golodomor), una hambruna creada artificialmente por Stalin para someter a los kulaks o terratenientes. La llamada colectivización llevada a cabo en la Unión Soviética para apoyar el proceso de industrialización profunda del país, hizo que muchos kulaks se rebelaran y que millares de mujiks o campesinos, tuvieran que huir de los campos a las ciudades, acuciados por el hambre. Murieron entre 1932-1933 casi 4 millones de personas, siendo esta un cifra a la baja. Y, por supuesto, la antropofagia campó a sus anchas. El desesperado éxodo de los mujiks, obligó a tomar también medidas drásticas al considerárseles "traidores". Pero no solo a ellos, sino a otros "elementos desclasados y elementalmente dañinos" como vagabundos, pequeños delincuentes comunes, antiguos comerciantes, etc, que fueron deportados a Siberia y el norte de Kazajistán, sin casi ningún tipo de apoyo o incluso sin un techo donde dormir. Hay que señalar también que, a causa de la política de cupos que llevaba a cabo la policía soviética, también fueron enviados arbitrariamente al exilio de la taiga y estepas siberianas niños, embarazadas, ancianos o trabajadores cualificados honrados incluso por el propio régimen, cuyo delito había sido, por ejemplo, olvidarse el pasaporte en casa. En uno de esos lugares de destierro, en concreto en la Siberia Occidental, a unos 800 kilómetros de la ciudad de Tomsk, tuvo lugar la Tragedia de Nazino (1933). En esa pequeña isla del río Ob, denominada también "La isla de los caníbales", fueron deportadas 6000 personas de las que sobrevivieron solo 2000. El primer día de su llegada ya murieron 295 personas, a causa de inanición y agotamiento. La disentería, el tifus, el rigor del clima, la brutalidad de los brigadieres y el hambre hicieron el resto, provocando la muerte de millares de personas, hacinadas en una isla pantanosa de 3 km de longitud, sin ningún cobijo ni infraestructura y con solo unas cuantas toneladas de harina para repartir. El canibalismo hizo su aparición de manera imparable, y aunque se detuvieron a 50 personas por su práctica, no se pudo impedir que continuara, tanto con cadáveres como con personas vivas. La Historia nos enseña que el canibalismo acompañó al ser humano desde la Prehistoria y... que todavía se encuentra entre nosotros.
Pareja de campesinos del Volga que secuestraba y comía niños en 1921
Uno de los sucesos más célebres
respecto al canibalismo de las últimas décadas tuvo lugar en la
isla de Nueva Guinea entre la tribu fore, ya que devino en una
enfermedad neurodegenerativa, similar a la encefalopatía
espongiforme, denominada kuru. Provocó una auténtica epidemia. El kuru era causado por un prión
que se transmitía al consumir tejido cerebral humano infectado. En
el caso de los fore, era una práctica endocaníbal funeraria, pero
tanto en Irian Jaya como Papúa Nueva Guinea, las prácticas
caníbales no han respondido siempre a este patrón, teniendo en
cuenta además que esta isla del Pacífico es una de las más ricas
en diversidad cultural y lingüística de todo el planeta. Por eso,
para otras tribus papúes como los jalé, no hay manera de vencer y
humillar a un enemigo mejor que matarlo y comerlo.
En Oceanía, entre melanesios,
aborígenes, maoríes, polinesios, etc; el canibalismo no era una
práctica desconocida. En las Islas Marquesas llamaban a las víctimas
que canibalizaban “pescados de los dioses”, solían ser enemigos
capturados en refriegas, gentes de su mismo entorno y de islas
vecinas, a los que se comían en ceremonias religiosas donde renovaban su alianza con los dioses, los tiki. En Fiyi también
estaba extendida la costumbre de comer víctimas sacrificiales a las
que decapitaban, e incluso los jefes y nobles fiyianos utilizaban un
tenedor especial ceremonial, el iaulaniboloka, para trinchar la
carne de “cerdo largo”. Este cubierto tan peculiar en la actualidad se vende a los
turistas con bastante éxito.
También es conocida la anécdota que
protagonizó la última reina de Hawái, Lili'uokalani (1838-1917) en Londres,
que al verse desdeñada por la nobleza británica, no tuvo otra
genial ocurrencia que declarar que ella también tenía sangre
inglesa... porque su bisabuelo había tenido el placer de zamparse el
corazón del navegante y explorador James Cook. Ciertamente, James
Cook pereció en 1779 a manos de nativos hawaianos que luego... se lo
comieron.
Lili'uokalani, última reina de Hawái, muy orgullosa de su sangre inglesa
Una de las islas más conocidas de
Oceanía, es la de Pascua, y a pesar del halo místico y enigmático
que en la actualidad se le está otorgando desde Occidente, fue un
lugar de alto nivel de antropofagia, que comenzó con la llegada de
los pueblos polinesios a sus costas y no antes. Estos pueblos, los Rapanui, alcanzaron su apogeo de canibalismo durante las guerras
intestinas entre las dos facciones principales de la isla, los hanau
eepe, que representaban la élite; y los hanau momoko, que
tuvieron lugar en el s. XVII. La sobreexplotación de los recursos de
la isla por parte de los Rapanui había llevado a una situación tan
crítica que una guerra civil era casi inevitable. ¿Y cuál de los
dos grupos ostentaría el privilegio de poseer el título de hare
kai tangata (o lo que es lo mismo, “los que cocinan carne
humana”)? Pues los hanau momoko, que prácticamente
exterminaron a los hanau eepe, matándolos y devorándolos.
Fue una auténtica carnicería por ambas partes, uno de los hanau
eepe tenía los cadáveres de 30 niños hanau momoko en su
casa listos para comérselos en el horno típico pascuense o curanto.
Este auténtico apocalipsis caníbal llevó casi al colapso a la
cultura pascuense, que, con la oportuna llegada de los europeos y
sus enfermedades, hicieron que a mediados del s. XIX solo quedaran 111 habitantes autóctonos en la isla.
Testigo mudo de horrores de guerras fraticidas
Pero el canibalismo en el contexto
bélico no es algo del pasado, sino que pertenece al s XXI también.
Sinafasi Makelo, representante de los pigmeos Mbuti de la República Democrática del Congo, denunció en el año 2003 antes Naciones Unidas que el
grupo rebelde Movimiento Liberal del Congo, encabezado por
Jean-Pierre Bemba, había cocinado al menos a 12 pigmeos. No es el
único testimonio recogido por la ONU de las actividades
antropofágicas del MLC, el obispo de Beni-Butemba acusó
abiertamente de canibalismo no solo al MLC, sino a los guerrilleros
del RCD-N. No se trata de acciones aisladas, sino de un instrumento
de terror al servicio de la guerra y sustentado en la superstición
de que consumir carne de pigmeo, sobre todo su corazón, confiere
propiedades sobrenaturales. No estamos hablando de rumores lejanos
como los de Macías, Idi Amin o Bokassa. Esto está sucediendo aquí
y ahora.
Pero como hemos dicho con anterioridad, cualquier guerra conlleva actos de gigantesco horror, como el anteriormente mencionado de canibalismo en el sitio de Leningrado, en este caso por necesidad; o los cometidos por soldados japoneses durante su ocupación del Pacífico en la II Guerra Mundial. Sus prisioneros de guerra americanos, indios, papúes y australianos fueron tratados como auténtico ganado. Una estrategia militar organizada, donde seres humanos en campos de prisioneros fueron sistemáticamente asesinados y devorados. No fueron hechos puntuales o aislados. Historiadores como Max Hastings, Antony Beevor o el japonés Toshiyuki Tanaka, de la Universidad de Hiroshima, que fue el primero en remover el avispero, han descubierto a partir de los años noventa las atrocidades que cometieron las tropas japonesas, incluso llegaron a practicar necro-canibalismo con sus propios compatriotas caídos.
Jean-Bédel Bokassa, emulando a su admirado Napoleón, como Emperador del Imperio Centroafricano
En nuestro presente el canibalismo
religioso o cultural se encuentra prácticamente desaparecido, salvo
en algunas prácticas funerarias de la Orinoquía entre los yanomami, en algunas zonas de Borneo, Sumatra, Irian Jaya... o la India.
Allí es bien conocida la secta hinduista de los Aghori, compuesta de sadhus o monjes ascetas, seguidores del dios Shiva. Los Aghori son una minoría repartida por la India, Nepal y sudeste asiático, vista con cierto recelo y hasta repugnancia por el resto de los hinduistas, ya que suelen practicar costumbres consideradas "impuras" como beber alcohol, ingerir carne, tener relaciones sexuales con mujeres con la menstruación, consumir estupefacientes como cannabis u opiáceos, sadhanas en casas encantadas, etc. Los Aghori quebrantan los tabúes sociales de su entorno deliberadamente ya que acoger y aceptar lo "impuro", es para ellos en realidad trascender la ilusión de la dualidad, superar la creencia errónea de que existan opuestos. Suelen encontrarse en las cercanías de los ríos donde se creman cadáveres, ya que practican una necrofagia caníbal, que incluye tanto la ingestión de las cenizas de los difuntos como el propio consumo de la carne. También suelen portar un cráneo humano como recipiente para beber, llamado kapala.
Dejadle beber, que tiene sed el hombre
En la actualidad, donde se considera casi universalmente un tabú el canibalismo, es
la necesidad perentoria, el crimen o la enfermedad mental las que empujan
estos días al ser humano a este tipo de prácticas.
Todo el mundo conoce el
caso del avión uruguayo que se estrelló en los Andes en 1972 y,
hasta que los supervivientes fueron rescatados, se vieron acuciados a alimentarse con la
carne de sus compañeros fallecidos. Un caso muy reciente de canibalismo voluntario (2012) lo encontramos en Cipango: el artista y chef de 22 años Mao Sugiyama, ofreció vía twitter cocinar sus atributos sexuales (pene, testículos y escroto) al gusto del que pagara por ello 100.000 yenes. Tras su emasculación y encontrar cinco clientes interesados, los cocinó con hongos y perejil italiano. En Japón el canibalismo no es delito. Evidentemente, este caballero sufre algún tipo de trastorno mental.
También en Cipango es muy célebre
Issei Sagawa, que en 1981, mientras estudiaba su doctorado en lengua
inglesa en la Universidad de la Sorbona en París, asesinó a una
compañera de estudios y la congeló para hacerse su propio sashimi
de carne humana... femenina. Fue condenado únicamente a cuatro
años de prisión por enfermedad mental y actualmente es una estrella
mediática que ha realizado incluso críticas gastronómicas. Y si comenzamos a desglosar la casi infinita lista de asesinos y criminales que han practicado el canibalismo, no acabaríamos nunca: Jeffrey Dahmer “El carnicero de
Milwakee”, Armin Meiwes “El caníbal de Rottemburgo”,
Arthur Shawcross, Ajmat Azimov,Manuel Blanco Romasanta “El Lobisome de Rebordechao”, “Los vampiros de Witten”... cada
una de estas personas nos cuenta una pequeña-gran historia repleta de espanto, crueldad y
repugnancia.
¿A alguien le apetece salir de copas con Armin Meiwes? Parece una persona agradable
¿Y qué impacto ha tenido el
canibalismo, la antropofagia en las letras? ¿Cómo ha sido plasmada?
Las obras son innumerables, porque este
tema en particular siempre ha sido un foco de atención por motivos
muy diferentes. Así que desde la Tabla Esmeralda, vamos a tratar de acercaros los que nos han parecido los más interesantes, teniendo en cuenta que nos dejaremos siempre en el tintero muchos libros más que
seguramente también merecerían que los nombrásemos.
Los hermanos Grimm, además de unos
portentos en el campo de la lingüística y pioneros de la filología
de su país, recopilaron multitud de cuentos pertenecientes a la
tradición oral alemana. De entre todos ellos, seguro que conocéis
Hänsel y Gretel, una historia como la mayoría de las que recopiló esta pareja, cruenta y desgarrada. La bruja esclaviza a
Gretel, mientras que ceba a Hänsel para darse un buen festín con
sus carnes después. Pero es en otro cuento de los hermanos Grimm
donde la ceremonia caníbal se completa. Hablamos Del Enebro
(1812), cuyo argumento nos remite a horrores mitológicos
antes nombrados como el de Procne y Tereo, pero en este cuento,
cometido en vez de por enajenación, por auténtica maldad. Del
Enebro es el cuento de un niño cuya madrastra decapita, guisa en
un estofado y lo ofrece al propio padre de la criatura, completamente
ajeno al crimen. Pero hay mucho más, como buen cuento, posee
multitud de recovecos repletos de sutilezas y horrores que derivan a
un final feliz, donde la justicia finalmente triunfa. Del Enebro
tiene además una cuidadosa y delicada edición bilingüe en España,
gracias a la editorial Jekyll & Jill, la cual os recomendamos
fervientemente.
En 1837, Edgar Allan Poe publicó su La Narración de Arthur Gordon Pym. Es, sin duda, una de las
obras del autor norteamericano más arriesgadas y oscuras de su
carrera. Influyó poderosamente a otros literatos como Howard
Phillips Lovecraft, Julio Verne, Robert Louis Stevenson, Jorge Luis
Borges o al mismísimo círculo surrealista parisino un siglo casi
después. Un verdadero alarde de imaginación completamente
visionaria donde nos relata las aventuras de Arthur Gordon Pym como
polizón en la nave Grampus, camino al Antártico. Durante sus
prodigiosas y también despiadadas correrías, se ve involucrado en
un acto de canibalismo para sobrevivir, donde el azar decidió que el
grumete Richard Parkerfuera sacrificado por el bien común. Cosas de la Ley del Mar.
“Baste
decir que, habiendo apaciguado en cierta medida la rabiosa sed
que nos consumía gracias a la sangre de la víctima, y habiendo
desechado, por común asentimiento, las manos, los pies y la cabeza y
arrojándolas junto con las entrañas al mar, devoramos el resto del
cuerpo, en pedazos, durante los cuatro eternamente memorables
días del diecisiete, dieciocho, diecinueve y veinte de aquel
mes “ Curiosamente, cuarenta años después de la publicación de la historia de Poe, la embarcación Mignonette naufragó en 1884 a centenares de kilómetros de la costa más próxima. Los escasos marineros aguantaron durante tres semanas bebiendo sus propios orines (una forma de autocanibalismo) y comiendo la carne de una tortuga que consiguieron cazar. Pero el más joven de los cinco supervivientes, comenzó a beber agua de mar, enfermó y enloqueció; lo que procuró la idea, siguiendo la tradición de La ley del Mar, que era legítimo matarlo y comerlo en beneficio del resto ya que iba a fallecer de igual manera. Así lo hicieron. El nombre del muchacho de 17 años canibalizado era... Richard Parker.
Magritte homenajea a Poe
En otras obras como La Máquina del Tiempo de H. G. Wells o
Forastero en tierra extraña de Robert Anson Heinlein,
aparecen episodios bien descritos de canibalismo, pero también la
antropofagia ha sido utilizada en la literatura no solo para su
argumento, sino como revulsivo y provocación, para desencadenar una
reacción en el pensamiento y emociones del ser humano.
Es el caso de, por ejemplo, Jonathan Swift, sí, el de Los viajes de
Gulliver, que en 1729 publicó un panfletillo, titulado Una
humilde propuesta, donde a través del sarcasmo y la acidez más
corrosiva, sugiere acabar con el hambre en Irlanda, planteando a los
terratenientes ingleses cebar bebés de gente sin recursos hasta el
año de edad, para que luego pudieran ser consumidos. Así se
libraría al país de una carga y a la vez aportaría sustento
alimenticio, total, igualmente esos bebés iban a morir, pero de
hambre.
También provocaciones fueron siglos más tarde el Manifiesto
caníbal Dadá de Francis Picabia de 1920, así como el Manifiesto de
antropofagia de Oswaldo de Andrade en 1928, donde sin complejos se
expresan ideas tan certeras como:
"Sólo
la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente.
Filosóficamente. Única
ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos,
de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los
tratados de paz.
Sólo
me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago."
Pero
sin duda, uno de los libros dedicados al canibalismo más importantes
y extravagantes de la historia de la literatura fue y sigue siendo,
La Cocina Caníbal (1970), del grandioso Roland Topor. Una auténtica
delicia literaria donde Topor nos desgrana con mordacidad, humor muy, muy negro y toques claramente surrealistas, una serie de recetas
imposibles. Un libro aderezado además con las ilustraciones del
propio autor y que, por su espíritu heterodoxo y transgresor, puede
llegar a ofender, escandalizar y herir sensibilidades.
Esa
era, de todas formas, la intención del gran iconoclasta Roland
Topor.
Y
con él, esta Tabla Esmeralda tan poco usual, se despide hasta la
próxima edición. Atentos a la receta, no se os vaya a indigestar.
Topor
"Puré de Cabeza de Jefe Se le hace una pequeña visita al jefe a finales de año, justo antes de las fiestas de Navidad, y se le mata como a un cerdo, es decir, que se toma la precaución de dejarle desangrarse durante un tiempo para que su carne quede bien blanca. Una vez que la cabeza se ha cortado de tajo, se la deja chorrear. Después, se mete en agua hirviendo durante media hora aproximadamente. Al cabo de este tiempo se retira, se saca del agua hirviendo y se introduce en agua fría para refrescarla. Es sorprendente cómo la cabeza del jefe ha cambiado ya en ese momento. Su pelo se ha vuelto blanco y su mirada, aunque sigue siendo maliciosa, tiene cierto aire soñador. No es más que el principio, continuemos el ejercicio. Se arranca la mandíbula hasta el ojo, se deshuesa la cabeza, teniendo cuidado de unir las carnes para que no pierdan su forma. Una vez terminada la operación, se frota la cabeza con champú, y se envuelve en un paño atado con un cordel.
Para cocerla, se diluyen tres cucharas de harina en agua, se añade un ramo de flores, un trozo de mantequilla, sal, pimienta. Se introduce la cabeza en el preparado, se hierve quitando la espuma de vez en cuando; después se retira y se deja caer en una cubeta de una altura de 1,5 metros aproximadamente llena de puré, para que no pase frío en las orejas. Es un plato monumental que hay que reservar para las grandes reuniones familiares."
En la Tabla de hoy vamos a unir dos conceptos extremadamente populares, uno de ellos, encima, está muy de moda en la actualidad: vampiros y Stephen King.
Ninguno de los dos asuntos necesita grandes presentaciones, King es uno de los autores de terror contemporáneos más célebres, una fábrica humeante de best-sellers; y... los vampiros son carne de best-seller. Casi podríamos considerar este dúo un matrimonio perfecto, pero la realidad es que, para las más de cincuenta obras que ha escrito Stephen King, solo ha tocado propiamente dos veces la temática. Dos veces.
La más conocida, que es la que tiene todo el mundo en mente es El Misterio de Salem's Lot (1975). Con dos pequeños relatos como precuela y secuela haciéndole compañía. De estos dos relatos, a destacar la precuela,Los Misterios del Gusano, escrito en la época universitaria de King. En él homenajea lo mejorcito del terror gótico y el círculo lovecraftiano. Para empezar, el simple título está tomado de uno de los más asombrosos relatos de vampiros del s. XX: El vampiro estelar (1935) de Robert Bloch. En él aparece un antiguo grimorio, DeVermis Mysteriis, atribuido a un alquimista y nigromante holandés del s. XV llamado Ludwig Prinn. Este libro maldito, cuya traducción del latín al castellano sería "los misterios del gusano", contenía según la imaginación de Bloch, una serie de invocaciones y hechizos para atraer a nuestra esfera de realidad a una serie de entidades de naturaleza vampírica que existirían en vacíos adimensionales del espacio exterior. Este tipo de grimorios y códices abominables, eran muy habituales en la literatura fantástica y lovecraftiana (El vampiro estelar estaba dedicado a Lovecraft además); ahí han quedado para la posteridad el famoso Necronomicón, los Manuscritos Pnakótikos, Los Cultos Innombrables de Robert E. Howard o el Libro de Eibon...que no, no existen más allá de las letras del relato al que pertenezcan.
Por supuesto, siempre se puede pedir prestado a la biblioteca de la inefable Universidad de Miskatonic
De ese De Vermis Mysteriis Stephen King tomó el título y lo convirtió en el leit motiv de su pequeño cuento, en el que también rindió vasallaje al terror clásico del s. XIX. Los Misterios del Gusano sigue una estructura epistolar que remite al Drácula (1897) de Stoker. Las influencias son muy claras, El hundimiento de la casa Usher (1839) de Poe, de nuevo Lovecraft con su Las ratas de las paredes (1923) y, sobre todo, el espíritu de un escritor de Nueva Inglaterra, en concreto de la ciudad de Salem (algunos dicen que las coincidencias no existen): Nathaniel Hawthorne y su La casa de los siete tejados (1851). Porque debemos deciros también que la ubicación de las novelas y relatos de Stephen King, en la bella Nueva Inglaterra, no se debe solamente a que él proceda de allí (del estado de Maine exactamente) sino que es una elección bastante razonable para situar el misterio en Estados Unidos. Sus parajes evocan un ambiente más añejo y arcaico, al pertenecer a las primigenias 13 colonias que se independizaron del Reino Unido en 1776; y en donde todavía se mantienen en la actualidad costumbres y tradiciones de la vieja Europa del s. XVII - XVIII. Perfecto para que un país tan relativamente joven como Estados Unidos pueda enraizar sus terrores más antiguos a la europea... y con solera además. Lovecraft también era de ahí y aprovechó antes que King esa veta morbosa... ¿Os suenan los Juicios de Salem? Un mero ejemplo.
Nueva Holanda, Nueva York, Nueva Inglaterra y Nueva Francia. Las viejas colonias del norte...
Resumiendo, este Los Misterios del Gusano es un aperitivo, un preámbulo a la antigua usanza del cuento gótico de horror que desembocaría en la obra que todo el mundo conoce de Stephen King sobre vampiros: El Misterio de Salem's Lot.
Las mini-series de televisión, sobre todo la de Tobe Hooper de 1979, han contribuido también a que esta novela sea una de las más famosas de King, que de por sí vendió lo indecible. La famosa escena del niño vampiro flotando en la niebla, rozando con sus uñas la ventana de su antiguo amigo, formó parte de las pesadillas de millares de chiquillos. Un clásico del terror.
raaaac, raaac
Y continuamos con la palabra "clásico" entre manos. Porque El Misterio de Salem's Lot posee un argumento que ha sido utilizado en abundancia en los relatos y novelas de terror: la llegada a una comunidad de un extranjero misterioso y, a partir de ahí, los cambios que se sucederán, al principio imperceptibles, después ya incontrolables, y que destruirán el orden y la vida del lugar.
Por supuesto, no puede faltar la casa encantada, que en Salem's Lot toma su inspiración en ese gigante del terror que es La Maldición de la casa de la colina (1959) de Shirley Jackson. Stephen King recrea un ambiente claustrofóbico, como si el solar fuera una auténtica ratonera; y desarrolla de manera bastante competente la psicología de los diferentes personajes. Recuerda también a Los ladrones de cuerpos (1955) de Jack Finney, de la cual se hicieron películas como la imprescindible La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) de Don Siegel.
Pero centrémonos más en cómo Stephen King trata la figura del vampiro en esta novela. ¿Qué hace este autor? Lo primero, no comerse demasiado la cabeza. Si el libro sigue más bien unas pautas conservadoras, con referencias transparentes a colosos del terror y la ciencia-ficción con habilidad, su vampiro sigue la tónica.
Kurt Barlow es el vampiro de tipo aristocrático, desdeñoso y, por supuesto, con leal lacayo humano. Proviene al parecer de Europa, su edad es desconocida aunque se indica que presenció el nacimiento del cristianismo; y posee las debilidades más populares atribuidas a los chupasangres: luz solar, estacas y cruces.
Tiene habilidades hipnóticas, fuerza sobrenatural y descansa en un ataúd. Necesita también residir en algún lugar antiguo y, a poder ser, de antecedentes truculentos como es el caso de la mansión Marsten. El protagonista principal de la novela, Ben Mears, sufre de niño en ese lugar una experiencia traumática bastante extraña, que lo perseguirá y hostigará ya de adulto en sueños hasta cristalizar en el horror vampírico de Kurt Barlow.
El retrato que Stephen King realiza del vampiro aquí entra dentro de los parámetros de lo convencional, un ser de frialdad absoluta, gran inteligencia, con cierta nostalgia hacia el pasado y que no deja de ser un monstruo, el depredador alfa por antonomasia. Es el Lord Ruthven de Polidori, el Drácula de Stoker, el Conde Magnus de Rhode James.
El Misterio de Salem's Lot se cierra, como indicábamos al principio, con una secuela que podríamos considerar casi anecdótica, Una para el camino, un relato corto que apareció junto a Los Misterios del gusano en la recopilación de 1978 El Umbral de la noche. Un pequeño cuento en boca de un anciano con moraleja: si conduces cerca de Jerusalem's lot, pasa de largo lo más rápido que puedas.
Y ya está. El vampiro de Stephen King se quedó allí, en ese pueblecito de Maine... hasta el año 2010, que tuvimos la grata sorpresa de verlo surgir de nuevo desde las páginas no de una novela, sino de un cómic.
King, junto a Scott Snyder, escribieron American Vampire; Rafael Albuquerque se hizo cargo de los pinceles. Y el resultado fue tan impresionante que al año siguiente esta obra ganó el premio Eisner a la mejor novela gráfica. Casi ná.
En el Vampiro Americano aparece una nueva raza de criaturas de la noche que poco tiene que ver con la figura tradicional con la que antes trabajó King... aunque la esencia sí siga siendo la misma, la de un depredador. Es cierto que la arquitectura básica de este nuevo vampiro pertenece a Scott Snyder, pero Stephen King se adaptó perfectamente a él con entusiasmo y lo imbuyó de salvajismo y profundidad.
El vampiro de este tebeo es distinto, es una mutación, posee características y habilidades muy diferentes a las del vampiro común y es resistente a la luz solar.
Esto es lo que dice King de sus propias criaturas en American Vampire:
"Esto es lo que los vampiros no deberían ser:pálidos detectives que beben bloody marys y que solo trabajan de noche; melancólicos caballeros sureños; chicas adolescentes anoréxicas; guaperas de ojos grandes e ingenuos.
¿Qué deberían ser?
Asesinos, cariño. Asesinos inmutables que nunca tienen bastante de esa sabrosa sangre grupo A. Chicas y chicos malos. Cazadores. (...) Vampiros a los que ha desplazado el romance ñoño y empalagoso.(...)
En resumen, se trata de devolverles sus dientes a los chupasangres, esos que los vampiritos dulces y tiernos les robaron hace tiempo. Se trata de volver a hacerlos terroríficos."
Y eso es lo que encontramos en American Vampire. El protagonista principal es Skinner Sweet, que es todo lo descrito por King y mucho más. Pearl Jones es su "hija" y en la obra van apareciendo desde dhampiros, clanes distintos de chupasangres, humanos no mucho menos desalmados que los propios vampiros y... Y os lo leéis. American Vampire es una visión diacrónica de la historiareciente estadounidense a través de los ojos de un vampiro autóctono, comenzando en los años 20 y, de momento, finalizando en los 50.
Pearl perdiendo los nervios
Y esto es lo que un autor tan prolífico como Stephen King ha parido sobre el vampiro. Algo quizás decepcionante desde cierto punto de vista si tenemos en cuenta el nivel de innovación de otras obras suyas, pero que, con el transcurrir del tiempo y observando las actuales circunstancias, es de muy agradecer. Siempre es mejor seguir la estela de los clásicos o reciclarse con nuevas colaboraciones que evacuar detritos tipo Crepúsculo.
Pues sí, durante todo el mes de junio, van a celebrarse unas jornadas gastronómicas muy especiales que van a dar mucho que hablar. Y como no puede ser de otra forma, será enLa Encantaria de Zaragoza, un pequeño-gran restaurante que se está haciendo, a base de su esfuerzo e imaginación, un lugar en nuestros estómagos (y corazones). Joan e Isabel, amantes como son del Misterio, quieren celebrar con todos vosotros la llegada del verano con un menú que seguro hará chuparos los dedos; así como rendir un homenaje a tantos personajes y enigmas clásicos que veréis reflejados en sus platos:
Como siempre, cada plato ha sido reflexionado y confeccionado con absoluta atención, aquí tenéis su historia:
Y, ¿dónde está La Encantaria? Pues en la calle Sevilla nº 7 (tlf. 627944502) en Zaragoza y se recomienda hacer reserva telefónica.
¡Es una cita que no os podéis perder! ¡Buen provechoa todos!
Como todos los años, el grupo S.I.P.E., al que tengo el honor de pertenecer,organiza su ciclo de conferencias dedicadas a... sí, ¡al misterio! Toda una tradición indispensable por estos lares. La cita será el 4 de mayo en la localidad de Pinseque (Zaragoza). ¿No te suena dónde está? Te damos las coordenadas: 41º 44' 16,86" N. 01º 05' 57,84 O.
La Casa de Cultura Puysec se encuentra en C/ Campo nº 17. La apertura de puertas será a partir de las 10:30 de la mañana y la jornada comenzará a las 11:00 con la presentación deHay otros mundos, pero están en este (Ediciones Cydonia) en el que tanto mis compañeros de Dimensión Límite como yo hemos participado. Después continuaremos con las siguientes ponencias:
Luis Silva Alquimia: en busca de la Piedra Filosofal Pausa para almorzar Marcelino Requejo: Más allá de la casualidad Carlos G. Fernández: Psicofonías: consejos de grabación y escucha Anabela Cardoso: Cuadernos TCI Mesa redonda moderada por Javier García Blanco. Después de cenar, realizaremos de cara al público que quiera acercarse y participar con nosotros, la grabación del programa de radio Dimensión Límite. Estarán con nosotros también el dúo mágico de Ciencia & Ficción, Yvan Figueiras y Mikel Navarro. Aunque la entrada será libre y gratuita hasta completar aforo, todos los asistentes deberán traer 1 kilo de comida no perecedera, como por ejemplo: aceite, leche, latas, galletas, cereales, embutidos envasados al vacío, arroz, pasta, lentejas, garbanzos, judías blancas, harina, sal, caldo, tomate frito, zumo o pan de molde. Todo lo recaudado será recogido por la ONG Cáritas para repartirlo entre los más necesitados. ¡Estáis todos invitados!
Para los que vengáis de fuera, existe la siguiente oferta hostelera en las cercanías:
Desde la Tabla Esmeralda queremos invitaros a conocer el último proyecto de esta familia radiofónica que esDimensión Límite: un libro. Y este libro se llama Hay otros mundos, pero están en este. La frase del título no es nuestra, pertenece al poeta francés Eugène Grindel, más conocido como Paul Éluard, príncipe dadá y vicario del surrealismo. Y como el título sugiere, es un libro que tratará de mostraros, a través de sus capítulos, diferentes mundos que conforman nuestra realidad, que están aquí, con nosotros, en los cuales nos movemos y vivimos.
David Cuevas y Ediciones Cydonia, sin la cual no habría sido posible esta nueva aventura, concibieron la idea de un libro solidario donde firmas periodísticas bien conocidas, así como profesionales de diversos campos, unieran su talento desinteresadamente para crear algo único y pionero en ese nebuloso panorama denominado por algunos como el mundo del misterio. Un capítulo, un autor diferente, un mundo distinto. Desde la India, pasando por la Amazonia, divisando las pirámides de Guiza hasta una carretera perdida en la provincia de Zamora, son los lugares, entre otros, que os invitamos a recorrer. Historia antigua, antropología, cine, psicología, ufología, sociología... un libro multidisciplinar del que el 15% de los beneficios recaudados irán destinados a la ONG Médicos sin Fronteras; de los 19'50 euros de su precio, 3 irán directamente a su fondo de emergencias.
¿Y quiénes son los autores? Chris Aubeck, Carlos Canales, José Antonio Caravaca, Bruno Cardeñosa, Miguel Ángel Ruiz, Víctor Martínez, Miguel Pedrero, Lourdes Gómez, Jacques Vallée, David Benito, Fran Contreras, Jesús Callejo, José Miguel Parra, Juan Ignacio Cuesta, Antonio Luís Moyano, Juan Antonio Belmonte, Vicente París, Diego Cortijo, Lorenzo Fernández, Miguel Blanco, Carlos G. Fernández, Moisés Garrido, Manuel Carballal, Yvan Figueiras, Marcelino Requejo, Beatriz Erlanz, David y Germán Tenorio, J.J. Benítez, José Juan Montejo, Mikel Navarro, Oscar Iborra, Manuel Berrocal, Jaume Esteve, José Luís Ortiz, José Miguel Pérez Navarro, Anabela Cardoso, Fernando Rueda, Juan José Sánchez-Oro y David Cuevas.
Casi nada, chavalada. Aquí puedes adquirir tu ejemplar y también descargar enpdf las primeras páginas de esta obra, así como curiosear la temática de sus capítulos:
Kitsune de nueve colas aterrorizando al príncipe Hanzoku
¿Sabes qué es un kitsune? Pues en las páginas de este libro lo podrás averiguar, en concreto en el capítulo en el que servidora da rienda suelta a su obsesión con Japón, haciendo una introducción a su folclore fantástico. Pero mis compañeros de Dimensión Límite, Mikel Navarro, Yvan Figueiras, Chris Aubeck, Diego Cortijo, Lourdes Gómez, Juan José Sánchez-Oro, David Cuevas, Oscar Iborra y José Juan Montejo tampoco se quedan atrás, con unas aportaciones magníficas que seguro os sorprenderán... ¡generación DL! Gracias a todos por estar allí y deseamos de todo corazón que disfrutéis de este libro.
Como no podía ser de otra forma, La Encantaria nos vuelve a sorprender con unas jornadas muy adecuadas para los próximos días de vacaciones religiosas que nos esperan. Con sano sentido del humor y el habitual excelente buen gusto de su chef, Joan Rosell; creyentes y no creyentes estáis invitados a disfrutar de un menú que seguro no os dejará indiferentes:
Como los habituales de La Encantaria sabréis, cada plato de las jornadas tiene su propia historia... nada se deja al azar:
Y, ¿dónde está La Encantaria? Pues en lacalle Sevilla nº 7 (tlf 627944502) en Zaragoza y se recomienda hacer reserva telefónica.
El canibalismo. Un tema bastante perturbador, morboso e, incluso,
algo incómodo, que horroriza como fascina a la sociedad contemporánea occidental. Nos remite a tiempos pretéritos, a gentes y pueblos primitivos,
a ancestrales ritos o costumbres feroces; o también a crimen,
desesperación y enfermedad mental.
Según el diccionario de la lengua
española de Espasa Calpe, el canibalismo es “la costumbre
de comer carne de seres de la propia especie, sobre todo por parte de
los hombres.”
¿De
dónde procede esta palabra? Pues es una deformación del nombre de
una tribu de las Antillas, Venezuela y las Guayanas, los indios
caribes, con los que los españoles se toparon al llegar a América;
y a los que describieron como belicosos, feroces y con la
característica de devorar a otros pueblos, como los taínos. Es muy
difícil tratar de discernir si realmente los bravos indios caribes
practicaban el canibalismo, probablemente lo hicieran, pero lo que sí
es cierto es que españoles y más tarde holandeses, franceses e
ingleses, utilizaron este pretexto para esclavizarlos a ellos y a
otra multitud de pueblos más, como los maoríes, melanesios y otros
pueblos del Pacífico.
Teniendo
clara ya la etimología de la palabra, podríamos distinguir también
entre canibalismo y antropofagia. El canibalismo siempre, a nivel
antropológico, estará vinculado a un ritual; en cambio la
antropofagia solo designa el consumo de carne humana por parte de
otros seres humanos sin un contexto específico. Y habría que
distinguir también entre endocanibalismo y exocanibalismo, señalando
que casi nunca coexisten ambas formas en una misma sociedad. Pero esta clasificación, aparentemente tan cabal y simple, es engañosa y no es capaz de abarcar todo el fenómeno en sí. Muchos discreparían y con toda la razón. Debemos ser claros: el canibalismo es un fenómeno antiquísimo y poliédrico. Intentar domeñarlo o analizarlo es muy complicado; y esta Tabla Esmeralda con total seguridad no arañe ni la superficie, ni abarque las suficientes perspectivas para intentar comprenderlo satisfactoriamente. Dejémoslo en un pequeño conato algo presuntuoso... pero con las mejores de las intenciones.
El navegante alemán Hans Staden describió con detalles minuciosos parte de la dieta de los indios tupinambáes de Brasil
Se
podrían mentar centenares de anécdotas, historias y verdaderas
tradiciones vinculadas con el canibalismo en todos los continentes
habitados, en todos. Y Europa y España no se libran de ellas, desde
la estigmatización de la población judía a través del monstruo
que devora niños (como el sacamantecas); hasta la figura del vampiro, con un cruel y
sospechoso de prácticas caníbales príncipe válaco de inspiración,
Vlad Tepes; o una noble húngara de costumbres sádicas y atribuciones
también muy sangrientas, Isabel Báthory. Esto se debe a que el
canibalismo, por mucho que nos cueste aceptarlo, forma parte de
nuestro legado histórico-cultural como seres humanos. El
canibalismo, tanto en las sociedades donde ya no se practica como tal
hasta en los últimos reductos de las selvas de Borneo, ha tenido siempre múltiples caras e
interpretaciones; puede ser un símbolo de creación, de unión con
la divinidad, puede representar el acto que ampara el orden cósmico
y por ende, un sustentador de la cohesión social. En nuestra propia
sociedad judeo-cristiana la religiosidad está fundamentada en el
concepto de un dios devorado, la comunión con él a través de su
carne y sangre. Y junto a todo esto, aparece también la noción de
sacrificio, que acompañará en multitud de ocasiones al canibalismo
ritual.
Pero, ¿desde cuándo tenemos
atestiguadas prácticas caníbales entre humanos? Dejando de lado las
ideas febriles del húngaro Oskar Kiss Maerth, que en su obra del año
1969 El principio era el fin, afirmaba que los simios habían
evolucionado hasta el homo sapiens a consecuencia de la
ingesta de cerebros frescos de sus congéneres; sí que es cierto que el canibalismo lo tenemos atestiguado desde muy antiguo...
Se encontraron en nuestro país, en
concreto en una cueva cercana a la población asturiana de Vallobal,
los restos de una monumental comilona caníbal perpetrada por
neandertales hace más de 40.000 años. Pero podemos ir mucho más
atrás en el tiempo, en Atapuerca, se han hallado restos de humanos
devorados por otros humanos, incluidos niños. El homo antecessor
se devoraba a sí mismo de manera sistemática y violenta, sin
indicios de la existencia de ningún ritual. ¿Por qué? Es una buena
pregunta, quizás nunca lleguemos a saber la respuesta. Lo que sí
está claro es que nuestros antepasados evolutivos se comían los
unos a los otros... y el homo sapiens, también.
Recreación de un homo antecessor hembra practicando canibalismo
Por diversos motivos, los homo
sapiens también nos hemos comido los unos a los otros, no
podemos negar que ha sido y es, una expresión de nuestra propia
naturaleza. El canibalismo ha
servido a diferentes fines, criminales, religiosos, de cohesión
social, comunión o sencillamente alimento. Y que también, desde la
Antigüedad Clásica occidental, ha sido símbolo de barbarie, una de
las últimas fronteras que separan lo humano de lo inhumano,
del salvajismo, de la bestialidad.
En las diferentes culturas de diversos
pueblos, son conocidos mitos y leyendas que hablan de canibalismo
como una práctica aberrante... o no. Tenemos de ejemplo a la
diosa marina Sedna, perteneciente al pueblo Inuit, señora también
del Inframundo, y que según algunas leyendas, poseída de un hambre
furiosa, intentó devorar a sus propios padres. No es un deidad
amable con los humanos, a los que engulle si se topa con ellos. En la
mitología escandinava, encontramos también en la figura del gigante
Ymir, remanentes de un canibalismo primordial donde este gigante
mitológico, es asesinado y desmembrado para que de él se forme el
mundo tal como lo conocemos, Midgard. Algo similar sucede con otro gigante de
la mitología de la India, Purusha, de cuyo cuerpo y sangre surge
todo lo existente gracias a que los devas lo matan y
descuartizan. Entre los indios algonquinos, habitantes del norte de
Estados Unidos y Canadá, es conocida la leyenda del Wendigo,
espíritu de los bosques más profundos, que lleva la locura con su
llamada allá donde va, y que no es mas que la representación de la
demencia y oscuridad humanas que provocan el aislamiento y la soledad
en los largos inviernos septentrionales, conduciendo al canibalismo
por falta de alimento a los que lo sufren.
Pero el mito más conocido de
canibalismo es, sin duda, el que Cronos cometió con sus hijos,
aunque no es el único. La hija del rey de Atenas, Procne decide
vengarse de su marido, el tracio Tereo, por haber violado, cortado la
lengua y aprisionado a su hermana pequeña, Filomela. Su acción,
proveniente de la furia y la desesperación, consistió en matar,
guisar y ofrecer a Tereo en un opíparo banquete al hijo de ambos,
Itis. Pero el canibalismo también aparece disfrazado en la mitología
clásica en multitud de ocasiones: algunas divinidades infernales
como las Keres, llamadas “las perras de Hades”, se dedicaban en
las batallas a descuartizar y beber la sangre de los guerreros; tampoco los cíclopes hacían ascos a la carne humana y
Hércules dio de comer al rey tracio Diomedes a sus propias yeguas,
que ya estaban acostumbradas a una dieta así de especial.
El banquete de Tereo de Rubens
Históricamente, tanto Heródoto,
Tácito, Flavio Josefo o Juvenal registraron actos caníbales, tanto culturales,
religiosos como por pura hambre. Nadie duda que durante los largos y
terribles asedios de las ciudades que trataban de resistir, se
acudiera a prácticas caníbales, como sucedió en Numancia, Sagunto...
El civilizado Egipto tampoco se libra: al final del Imperio Antiguo, en el tercer milenio antes de Cristo, durante "los años de los chacales", la tremenda hambruna dirigió a la población a la antropofagia. Tampoco hace falta irse tan lejos: ya en la Edad Contemporánea, durante la II Guerra Mundial en el atroz sitio de Leningrado, los actos de canibalismo se multiplicaron de manera exponencial. El rigor del invierno (40 grados bajo cero) y casi 900 días de acorralamiento en la oscuridad, condujeron a miles de ciudadanos a la necrofagia, asesinato y canibalismo. Existían bandas organizadas que, de distrito en distrito de la ciudad, "cazaban" literalmente ciudadanos para luego devorarlos. Se vendía carne humana en los mercados. También está perfectamente documentado el canibalismo desesperado durante el Holocausto Ucraniano (Golodomor), una hambruna creada artificialmente por Stalin para someter a los kulaks o terratenientes. La llamada colectivización llevada a cabo en la Unión Soviética para apoyar el proceso de industrialización profunda del país, hizo que muchos kulaks se rebelaran y que millares de mujiks o campesinos, tuvieran que huir de los campos a las ciudades, acuciados por el hambre. Murieron entre 1932-1933 casi 4 millones de personas, siendo esta un cifra a la baja. Y, por supuesto, la antropofagia campó a sus anchas. El desesperado éxodo de los mujiks, obligó a tomar también medidas drásticas al considerárseles "traidores". Pero no solo a ellos, sino a otros "elementos desclasados y elementalmente dañinos" como vagabundos, pequeños delincuentes comunes, antiguos comerciantes, etc, que fueron deportados a Siberia y el norte de Kazajistán, sin casi ningún tipo de apoyo o incluso sin un techo donde dormir. Hay que señalar también que, a causa de la política de cupos que llevaba a cabo la policía soviética, también fueron enviados arbitrariamente al exilio de la taiga y estepas siberianas niños, embarazadas, ancianos o trabajadores cualificados honrados incluso por el propio régimen, cuyo delito había sido, por ejemplo, olvidarse el pasaporte en casa. En uno de esos lugares de destierro, en concreto en la Siberia Occidental, a unos 800 kilómetros de la ciudad de Tomsk, tuvo lugar la Tragedia de Nazino (1933). En esa pequeña isla del río Ob, denominada también "La isla de los caníbales", fueron deportadas 6000 personas de las que sobrevivieron solo 2000. El primer día de su llegada ya murieron 295 personas, a causa de inanición y agotamiento. La disentería, el tifus, el rigor del clima, la brutalidad de los brigadieres y el hambre hicieron el resto, provocando la muerte de millares de personas, hacinadas en una isla pantanosa de 3 km de longitud, sin ningún cobijo ni infraestructura y con solo unas cuantas toneladas de harina para repartir. El canibalismo hizo su aparición de manera imparable, y aunque se detuvieron a 50 personas por su práctica, no se pudo impedir que continuara, tanto con cadáveres como con personas vivas. La Historia nos enseña que el canibalismo acompañó al ser humano desde la Prehistoria y... que todavía se encuentra entre nosotros.
Pareja de campesinos del Volga que secuestraba y comía niños en 1921
Uno de los sucesos más célebres
respecto al canibalismo de las últimas décadas tuvo lugar en la
isla de Nueva Guinea entre la tribu fore, ya que devino en una
enfermedad neurodegenerativa, similar a la encefalopatía
espongiforme, denominada kuru. Provocó una auténtica epidemia. El kuru era causado por un prión
que se transmitía al consumir tejido cerebral humano infectado. En
el caso de los fore, era una práctica endocaníbal funeraria, pero
tanto en Irian Jaya como Papúa Nueva Guinea, las prácticas
caníbales no han respondido siempre a este patrón, teniendo en
cuenta además que esta isla del Pacífico es una de las más ricas
en diversidad cultural y lingüística de todo el planeta. Por eso,
para otras tribus papúes como los jalé, no hay manera de vencer y
humillar a un enemigo mejor que matarlo y comerlo.
En Oceanía, entre melanesios,
aborígenes, maoríes, polinesios, etc; el canibalismo no era una
práctica desconocida. En las Islas Marquesas llamaban a las víctimas
que canibalizaban “pescados de los dioses”, solían ser enemigos
capturados en refriegas, gentes de su mismo entorno y de islas
vecinas, a los que se comían en ceremonias religiosas donde renovaban su alianza con los dioses, los tiki. En Fiyi también
estaba extendida la costumbre de comer víctimas sacrificiales a las
que decapitaban, e incluso los jefes y nobles fiyianos utilizaban un
tenedor especial ceremonial, el iaulaniboloka, para trinchar la
carne de “cerdo largo”. Este cubierto tan peculiar en la actualidad se vende a los
turistas con bastante éxito.
También es conocida la anécdota que
protagonizó la última reina de Hawái, Lili'uokalani (1838-1917) en Londres,
que al verse desdeñada por la nobleza británica, no tuvo otra
genial ocurrencia que declarar que ella también tenía sangre
inglesa... porque su bisabuelo había tenido el placer de zamparse el
corazón del navegante y explorador James Cook. Ciertamente, James
Cook pereció en 1779 a manos de nativos hawaianos que luego... se lo
comieron.
Lili'uokalani, última reina de Hawái, muy orgullosa de su sangre inglesa
Una de las islas más conocidas de
Oceanía, es la de Pascua, y a pesar del halo místico y enigmático
que en la actualidad se le está otorgando desde Occidente, fue un
lugar de alto nivel de antropofagia, que comenzó con la llegada de
los pueblos polinesios a sus costas y no antes. Estos pueblos, los Rapanui, alcanzaron su apogeo de canibalismo durante las guerras
intestinas entre las dos facciones principales de la isla, los hanau
eepe, que representaban la élite; y los hanau momoko, que
tuvieron lugar en el s. XVII. La sobreexplotación de los recursos de
la isla por parte de los Rapanui había llevado a una situación tan
crítica que una guerra civil era casi inevitable. ¿Y cuál de los
dos grupos ostentaría el privilegio de poseer el título de hare
kai tangata (o lo que es lo mismo, “los que cocinan carne
humana”)? Pues los hanau momoko, que prácticamente
exterminaron a los hanau eepe, matándolos y devorándolos.
Fue una auténtica carnicería por ambas partes, uno de los hanau
eepe tenía los cadáveres de 30 niños hanau momoko en su
casa listos para comérselos en el horno típico pascuense o curanto.
Este auténtico apocalipsis caníbal llevó casi al colapso a la
cultura pascuense, que, con la oportuna llegada de los europeos y
sus enfermedades, hicieron que a mediados del s. XIX solo quedaran 111 habitantes autóctonos en la isla.
Testigo mudo de horrores de guerras fraticidas
Pero el canibalismo en el contexto
bélico no es algo del pasado, sino que pertenece al s XXI también.
Sinafasi Makelo, representante de los pigmeos Mbuti de la República Democrática del Congo, denunció en el año 2003 antes Naciones Unidas que el
grupo rebelde Movimiento Liberal del Congo, encabezado por
Jean-Pierre Bemba, había cocinado al menos a 12 pigmeos. No es el
único testimonio recogido por la ONU de las actividades
antropofágicas del MLC, el obispo de Beni-Butemba acusó
abiertamente de canibalismo no solo al MLC, sino a los guerrilleros
del RCD-N. No se trata de acciones aisladas, sino de un instrumento
de terror al servicio de la guerra y sustentado en la superstición
de que consumir carne de pigmeo, sobre todo su corazón, confiere
propiedades sobrenaturales. No estamos hablando de rumores lejanos
como los de Macías, Idi Amin o Bokassa. Esto está sucediendo aquí
y ahora.
Pero como hemos dicho con anterioridad, cualquier guerra conlleva actos de gigantesco horror, como el anteriormente mencionado de canibalismo en el sitio de Leningrado, en este caso por necesidad; o los cometidos por soldados japoneses durante su ocupación del Pacífico en la II Guerra Mundial. Sus prisioneros de guerra americanos, indios, papúes y australianos fueron tratados como auténtico ganado. Una estrategia militar organizada, donde seres humanos en campos de prisioneros fueron sistemáticamente asesinados y devorados. No fueron hechos puntuales o aislados. Historiadores como Max Hastings, Antony Beevor o el japonés Toshiyuki Tanaka, de la Universidad de Hiroshima, que fue el primero en remover el avispero, han descubierto a partir de los años noventa las atrocidades que cometieron las tropas japonesas, incluso llegaron a practicar necro-canibalismo con sus propios compatriotas caídos.
Jean-Bédel Bokassa, emulando a su admirado Napoleón, como Emperador del Imperio Centroafricano
En nuestro presente el canibalismo
religioso o cultural se encuentra prácticamente desaparecido, salvo
en algunas prácticas funerarias de la Orinoquía entre los yanomami, en algunas zonas de Borneo, Sumatra, Irian Jaya... o la India.
Allí es bien conocida la secta hinduista de los Aghori, compuesta de sadhus o monjes ascetas, seguidores del dios Shiva. Los Aghori son una minoría repartida por la India, Nepal y sudeste asiático, vista con cierto recelo y hasta repugnancia por el resto de los hinduistas, ya que suelen practicar costumbres consideradas "impuras" como beber alcohol, ingerir carne, tener relaciones sexuales con mujeres con la menstruación, consumir estupefacientes como cannabis u opiáceos, sadhanas en casas encantadas, etc. Los Aghori quebrantan los tabúes sociales de su entorno deliberadamente ya que acoger y aceptar lo "impuro", es para ellos en realidad trascender la ilusión de la dualidad, superar la creencia errónea de que existan opuestos. Suelen encontrarse en las cercanías de los ríos donde se creman cadáveres, ya que practican una necrofagia caníbal, que incluye tanto la ingestión de las cenizas de los difuntos como el propio consumo de la carne. También suelen portar un cráneo humano como recipiente para beber, llamado kapala.
Dejadle beber, que tiene sed el hombre
En la actualidad, donde se considera casi universalmente un tabú el canibalismo, es
la necesidad perentoria, el crimen o la enfermedad mental las que empujan
estos días al ser humano a este tipo de prácticas.
Todo el mundo conoce el
caso del avión uruguayo que se estrelló en los Andes en 1972 y,
hasta que los supervivientes fueron rescatados, se vieron acuciados a alimentarse con la
carne de sus compañeros fallecidos. Un caso muy reciente de canibalismo voluntario (2012) lo encontramos en Cipango: el artista y chef de 22 años Mao Sugiyama, ofreció vía twitter cocinar sus atributos sexuales (pene, testículos y escroto) al gusto del que pagara por ello 100.000 yenes. Tras su emasculación y encontrar cinco clientes interesados, los cocinó con hongos y perejil italiano. En Japón el canibalismo no es delito. Evidentemente, este caballero sufre algún tipo de trastorno mental.
También en Cipango es muy célebre
Issei Sagawa, que en 1981, mientras estudiaba su doctorado en lengua
inglesa en la Universidad de la Sorbona en París, asesinó a una
compañera de estudios y la congeló para hacerse su propio sashimi
de carne humana... femenina. Fue condenado únicamente a cuatro
años de prisión por enfermedad mental y actualmente es una estrella
mediática que ha realizado incluso críticas gastronómicas. Y si comenzamos a desglosar la casi infinita lista de asesinos y criminales que han practicado el canibalismo, no acabaríamos nunca: Jeffrey Dahmer “El carnicero de
Milwakee”, Armin Meiwes “El caníbal de Rottemburgo”,
Arthur Shawcross, Ajmat Azimov,Manuel Blanco Romasanta “El Lobisome de Rebordechao”, “Los vampiros de Witten”... cada
una de estas personas nos cuenta una pequeña-gran historia repleta de espanto, crueldad y
repugnancia.
¿A alguien le apetece salir de copas con Armin Meiwes? Parece una persona agradable
¿Y qué impacto ha tenido el
canibalismo, la antropofagia en las letras? ¿Cómo ha sido plasmada?
Las obras son innumerables, porque este
tema en particular siempre ha sido un foco de atención por motivos
muy diferentes. Así que desde la Tabla Esmeralda, vamos a tratar de acercaros los que nos han parecido los más interesantes, teniendo en cuenta que nos dejaremos siempre en el tintero muchos libros más que
seguramente también merecerían que los nombrásemos.
Los hermanos Grimm, además de unos
portentos en el campo de la lingüística y pioneros de la filología
de su país, recopilaron multitud de cuentos pertenecientes a la
tradición oral alemana. De entre todos ellos, seguro que conocéis
Hänsel y Gretel, una historia como la mayoría de las que recopiló esta pareja, cruenta y desgarrada. La bruja esclaviza a
Gretel, mientras que ceba a Hänsel para darse un buen festín con
sus carnes después. Pero es en otro cuento de los hermanos Grimm
donde la ceremonia caníbal se completa. Hablamos Del Enebro
(1812), cuyo argumento nos remite a horrores mitológicos
antes nombrados como el de Procne y Tereo, pero en este cuento,
cometido en vez de por enajenación, por auténtica maldad. Del
Enebro es el cuento de un niño cuya madrastra decapita, guisa en
un estofado y lo ofrece al propio padre de la criatura, completamente
ajeno al crimen. Pero hay mucho más, como buen cuento, posee
multitud de recovecos repletos de sutilezas y horrores que derivan a
un final feliz, donde la justicia finalmente triunfa. Del Enebro
tiene además una cuidadosa y delicada edición bilingüe en España,
gracias a la editorial Jekyll & Jill, la cual os recomendamos
fervientemente.
En 1837, Edgar Allan Poe publicó su La Narración de Arthur Gordon Pym. Es, sin duda, una de las
obras del autor norteamericano más arriesgadas y oscuras de su
carrera. Influyó poderosamente a otros literatos como Howard
Phillips Lovecraft, Julio Verne, Robert Louis Stevenson, Jorge Luis
Borges o al mismísimo círculo surrealista parisino un siglo casi
después. Un verdadero alarde de imaginación completamente
visionaria donde nos relata las aventuras de Arthur Gordon Pym como
polizón en la nave Grampus, camino al Antártico. Durante sus
prodigiosas y también despiadadas correrías, se ve involucrado en
un acto de canibalismo para sobrevivir, donde el azar decidió que el
grumete Richard Parkerfuera sacrificado por el bien común. Cosas de la Ley del Mar.
“Baste
decir que, habiendo apaciguado en cierta medida la rabiosa sed
que nos consumía gracias a la sangre de la víctima, y habiendo
desechado, por común asentimiento, las manos, los pies y la cabeza y
arrojándolas junto con las entrañas al mar, devoramos el resto del
cuerpo, en pedazos, durante los cuatro eternamente memorables
días del diecisiete, dieciocho, diecinueve y veinte de aquel
mes “ Curiosamente, cuarenta años después de la publicación de la historia de Poe, la embarcación Mignonette naufragó en 1884 a centenares de kilómetros de la costa más próxima. Los escasos marineros aguantaron durante tres semanas bebiendo sus propios orines (una forma de autocanibalismo) y comiendo la carne de una tortuga que consiguieron cazar. Pero el más joven de los cinco supervivientes, comenzó a beber agua de mar, enfermó y enloqueció; lo que procuró la idea, siguiendo la tradición de La ley del Mar, que era legítimo matarlo y comerlo en beneficio del resto ya que iba a fallecer de igual manera. Así lo hicieron. El nombre del muchacho de 17 años canibalizado era... Richard Parker.
Magritte homenajea a Poe
En otras obras como La Máquina del Tiempo de H. G. Wells o
Forastero en tierra extraña de Robert Anson Heinlein,
aparecen episodios bien descritos de canibalismo, pero también la
antropofagia ha sido utilizada en la literatura no solo para su
argumento, sino como revulsivo y provocación, para desencadenar una
reacción en el pensamiento y emociones del ser humano.
Es el caso de, por ejemplo, Jonathan Swift, sí, el de Los viajes de
Gulliver, que en 1729 publicó un panfletillo, titulado Una
humilde propuesta, donde a través del sarcasmo y la acidez más
corrosiva, sugiere acabar con el hambre en Irlanda, planteando a los
terratenientes ingleses cebar bebés de gente sin recursos hasta el
año de edad, para que luego pudieran ser consumidos. Así se
libraría al país de una carga y a la vez aportaría sustento
alimenticio, total, igualmente esos bebés iban a morir, pero de
hambre.
También provocaciones fueron siglos más tarde el Manifiesto
caníbal Dadá de Francis Picabia de 1920, así como el Manifiesto de
antropofagia de Oswaldo de Andrade en 1928, donde sin complejos se
expresan ideas tan certeras como:
"Sólo
la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente.
Filosóficamente. Única
ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos,
de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los
tratados de paz.
Sólo
me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago."
Pero
sin duda, uno de los libros dedicados al canibalismo más importantes
y extravagantes de la historia de la literatura fue y sigue siendo,
La Cocina Caníbal (1970), del grandioso Roland Topor. Una auténtica
delicia literaria donde Topor nos desgrana con mordacidad, humor muy, muy negro y toques claramente surrealistas, una serie de recetas
imposibles. Un libro aderezado además con las ilustraciones del
propio autor y que, por su espíritu heterodoxo y transgresor, puede
llegar a ofender, escandalizar y herir sensibilidades.
Esa
era, de todas formas, la intención del gran iconoclasta Roland
Topor.
Y
con él, esta Tabla Esmeralda tan poco usual, se despide hasta la
próxima edición. Atentos a la receta, no se os vaya a indigestar.
Topor
"Puré de Cabeza de Jefe Se le hace una pequeña visita al jefe a finales de año, justo antes de las fiestas de Navidad, y se le mata como a un cerdo, es decir, que se toma la precaución de dejarle desangrarse durante un tiempo para que su carne quede bien blanca. Una vez que la cabeza se ha cortado de tajo, se la deja chorrear. Después, se mete en agua hirviendo durante media hora aproximadamente. Al cabo de este tiempo se retira, se saca del agua hirviendo y se introduce en agua fría para refrescarla. Es sorprendente cómo la cabeza del jefe ha cambiado ya en ese momento. Su pelo se ha vuelto blanco y su mirada, aunque sigue siendo maliciosa, tiene cierto aire soñador. No es más que el principio, continuemos el ejercicio. Se arranca la mandíbula hasta el ojo, se deshuesa la cabeza, teniendo cuidado de unir las carnes para que no pierdan su forma. Una vez terminada la operación, se frota la cabeza con champú, y se envuelve en un paño atado con un cordel.
Para cocerla, se diluyen tres cucharas de harina en agua, se añade un ramo de flores, un trozo de mantequilla, sal, pimienta. Se introduce la cabeza en el preparado, se hierve quitando la espuma de vez en cuando; después se retira y se deja caer en una cubeta de una altura de 1,5 metros aproximadamente llena de puré, para que no pase frío en las orejas. Es un plato monumental que hay que reservar para las grandes reuniones familiares."
En la Tabla de hoy vamos a unir dos conceptos extremadamente populares, uno de ellos, encima, está muy de moda en la actualidad: vampiros y Stephen King.
Ninguno de los dos asuntos necesita grandes presentaciones, King es uno de los autores de terror contemporáneos más célebres, una fábrica humeante de best-sellers; y... los vampiros son carne de best-seller. Casi podríamos considerar este dúo un matrimonio perfecto, pero la realidad es que, para las más de cincuenta obras que ha escrito Stephen King, solo ha tocado propiamente dos veces la temática. Dos veces.
La más conocida, que es la que tiene todo el mundo en mente es El Misterio de Salem's Lot (1975). Con dos pequeños relatos como precuela y secuela haciéndole compañía. De estos dos relatos, a destacar la precuela,Los Misterios del Gusano, escrito en la época universitaria de King. En él homenajea lo mejorcito del terror gótico y el círculo lovecraftiano. Para empezar, el simple título está tomado de uno de los más asombrosos relatos de vampiros del s. XX: El vampiro estelar (1935) de Robert Bloch. En él aparece un antiguo grimorio, DeVermis Mysteriis, atribuido a un alquimista y nigromante holandés del s. XV llamado Ludwig Prinn. Este libro maldito, cuya traducción del latín al castellano sería "los misterios del gusano", contenía según la imaginación de Bloch, una serie de invocaciones y hechizos para atraer a nuestra esfera de realidad a una serie de entidades de naturaleza vampírica que existirían en vacíos adimensionales del espacio exterior. Este tipo de grimorios y códices abominables, eran muy habituales en la literatura fantástica y lovecraftiana (El vampiro estelar estaba dedicado a Lovecraft además); ahí han quedado para la posteridad el famoso Necronomicón, los Manuscritos Pnakótikos, Los Cultos Innombrables de Robert E. Howard o el Libro de Eibon...que no, no existen más allá de las letras del relato al que pertenezcan.
Por supuesto, siempre se puede pedir prestado a la biblioteca de la inefable Universidad de Miskatonic
De ese De Vermis Mysteriis Stephen King tomó el título y lo convirtió en el leit motiv de su pequeño cuento, en el que también rindió vasallaje al terror clásico del s. XIX. Los Misterios del Gusano sigue una estructura epistolar que remite al Drácula (1897) de Stoker. Las influencias son muy claras, El hundimiento de la casa Usher (1839) de Poe, de nuevo Lovecraft con su Las ratas de las paredes (1923) y, sobre todo, el espíritu de un escritor de Nueva Inglaterra, en concreto de la ciudad de Salem (algunos dicen que las coincidencias no existen): Nathaniel Hawthorne y su La casa de los siete tejados (1851). Porque debemos deciros también que la ubicación de las novelas y relatos de Stephen King, en la bella Nueva Inglaterra, no se debe solamente a que él proceda de allí (del estado de Maine exactamente) sino que es una elección bastante razonable para situar el misterio en Estados Unidos. Sus parajes evocan un ambiente más añejo y arcaico, al pertenecer a las primigenias 13 colonias que se independizaron del Reino Unido en 1776; y en donde todavía se mantienen en la actualidad costumbres y tradiciones de la vieja Europa del s. XVII - XVIII. Perfecto para que un país tan relativamente joven como Estados Unidos pueda enraizar sus terrores más antiguos a la europea... y con solera además. Lovecraft también era de ahí y aprovechó antes que King esa veta morbosa... ¿Os suenan los Juicios de Salem? Un mero ejemplo.
Nueva Holanda, Nueva York, Nueva Inglaterra y Nueva Francia. Las viejas colonias del norte...
Resumiendo, este Los Misterios del Gusano es un aperitivo, un preámbulo a la antigua usanza del cuento gótico de horror que desembocaría en la obra que todo el mundo conoce de Stephen King sobre vampiros: El Misterio de Salem's Lot.
Las mini-series de televisión, sobre todo la de Tobe Hooper de 1979, han contribuido también a que esta novela sea una de las más famosas de King, que de por sí vendió lo indecible. La famosa escena del niño vampiro flotando en la niebla, rozando con sus uñas la ventana de su antiguo amigo, formó parte de las pesadillas de millares de chiquillos. Un clásico del terror.
raaaac, raaac
Y continuamos con la palabra "clásico" entre manos. Porque El Misterio de Salem's Lot posee un argumento que ha sido utilizado en abundancia en los relatos y novelas de terror: la llegada a una comunidad de un extranjero misterioso y, a partir de ahí, los cambios que se sucederán, al principio imperceptibles, después ya incontrolables, y que destruirán el orden y la vida del lugar.
Por supuesto, no puede faltar la casa encantada, que en Salem's Lot toma su inspiración en ese gigante del terror que es La Maldición de la casa de la colina (1959) de Shirley Jackson. Stephen King recrea un ambiente claustrofóbico, como si el solar fuera una auténtica ratonera; y desarrolla de manera bastante competente la psicología de los diferentes personajes. Recuerda también a Los ladrones de cuerpos (1955) de Jack Finney, de la cual se hicieron películas como la imprescindible La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) de Don Siegel.
Pero centrémonos más en cómo Stephen King trata la figura del vampiro en esta novela. ¿Qué hace este autor? Lo primero, no comerse demasiado la cabeza. Si el libro sigue más bien unas pautas conservadoras, con referencias transparentes a colosos del terror y la ciencia-ficción con habilidad, su vampiro sigue la tónica.
Kurt Barlow es el vampiro de tipo aristocrático, desdeñoso y, por supuesto, con leal lacayo humano. Proviene al parecer de Europa, su edad es desconocida aunque se indica que presenció el nacimiento del cristianismo; y posee las debilidades más populares atribuidas a los chupasangres: luz solar, estacas y cruces.
Tiene habilidades hipnóticas, fuerza sobrenatural y descansa en un ataúd. Necesita también residir en algún lugar antiguo y, a poder ser, de antecedentes truculentos como es el caso de la mansión Marsten. El protagonista principal de la novela, Ben Mears, sufre de niño en ese lugar una experiencia traumática bastante extraña, que lo perseguirá y hostigará ya de adulto en sueños hasta cristalizar en el horror vampírico de Kurt Barlow.
El retrato que Stephen King realiza del vampiro aquí entra dentro de los parámetros de lo convencional, un ser de frialdad absoluta, gran inteligencia, con cierta nostalgia hacia el pasado y que no deja de ser un monstruo, el depredador alfa por antonomasia. Es el Lord Ruthven de Polidori, el Drácula de Stoker, el Conde Magnus de Rhode James.
El Misterio de Salem's Lot se cierra, como indicábamos al principio, con una secuela que podríamos considerar casi anecdótica, Una para el camino, un relato corto que apareció junto a Los Misterios del gusano en la recopilación de 1978 El Umbral de la noche. Un pequeño cuento en boca de un anciano con moraleja: si conduces cerca de Jerusalem's lot, pasa de largo lo más rápido que puedas.
Y ya está. El vampiro de Stephen King se quedó allí, en ese pueblecito de Maine... hasta el año 2010, que tuvimos la grata sorpresa de verlo surgir de nuevo desde las páginas no de una novela, sino de un cómic.
King, junto a Scott Snyder, escribieron American Vampire; Rafael Albuquerque se hizo cargo de los pinceles. Y el resultado fue tan impresionante que al año siguiente esta obra ganó el premio Eisner a la mejor novela gráfica. Casi ná.
En el Vampiro Americano aparece una nueva raza de criaturas de la noche que poco tiene que ver con la figura tradicional con la que antes trabajó King... aunque la esencia sí siga siendo la misma, la de un depredador. Es cierto que la arquitectura básica de este nuevo vampiro pertenece a Scott Snyder, pero Stephen King se adaptó perfectamente a él con entusiasmo y lo imbuyó de salvajismo y profundidad.
El vampiro de este tebeo es distinto, es una mutación, posee características y habilidades muy diferentes a las del vampiro común y es resistente a la luz solar.
Esto es lo que dice King de sus propias criaturas en American Vampire:
"Esto es lo que los vampiros no deberían ser:pálidos detectives que beben bloody marys y que solo trabajan de noche; melancólicos caballeros sureños; chicas adolescentes anoréxicas; guaperas de ojos grandes e ingenuos.
¿Qué deberían ser?
Asesinos, cariño. Asesinos inmutables que nunca tienen bastante de esa sabrosa sangre grupo A. Chicas y chicos malos. Cazadores. (...) Vampiros a los que ha desplazado el romance ñoño y empalagoso.(...)
En resumen, se trata de devolverles sus dientes a los chupasangres, esos que los vampiritos dulces y tiernos les robaron hace tiempo. Se trata de volver a hacerlos terroríficos."
Y eso es lo que encontramos en American Vampire. El protagonista principal es Skinner Sweet, que es todo lo descrito por King y mucho más. Pearl Jones es su "hija" y en la obra van apareciendo desde dhampiros, clanes distintos de chupasangres, humanos no mucho menos desalmados que los propios vampiros y... Y os lo leéis. American Vampire es una visión diacrónica de la historiareciente estadounidense a través de los ojos de un vampiro autóctono, comenzando en los años 20 y, de momento, finalizando en los 50.
Pearl perdiendo los nervios
Y esto es lo que un autor tan prolífico como Stephen King ha parido sobre el vampiro. Algo quizás decepcionante desde cierto punto de vista si tenemos en cuenta el nivel de innovación de otras obras suyas, pero que, con el transcurrir del tiempo y observando las actuales circunstancias, es de muy agradecer. Siempre es mejor seguir la estela de los clásicos o reciclarse con nuevas colaboraciones que evacuar detritos tipo Crepúsculo.