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21 de enero de 2011

Báthory, lust for Life




Isabel Báthory (1560-1614) fue una aristócrata húngara, perteneciente a la dinastía centroeuropea de los Báthory, bastante antigua y poderosa, en cuyo seno nacieron Grandes Príncipes, cardenales y reyes.
Sus padres, Anna Báthory de Somlyó y Jorge Báthory de Ecsederan primos hermanos, hijos de voivodas y príncipes transilvanos, siendo la propia Isabel también sobrina carnal del rey Esteban I de Polonia. No era una noble cualquiera, ya que en ella confluían las dos ramas principales de la casa Báthory, los Somlyó y los Ecsed, siendo relevante resaltar también que era protestante
Isabel Báthory es conocida por ser considerada la mayor asesina en masa de la historia de la humanidad. Más de 600 jóvenes entre 12 y 26 años, secuestradas, torturadas y asesinadas aberrantemente tras la muerte de su marido, el conde Ferenç Nádasdy. Está perfectamente documentado el juicio en el que fue procesada tras las investigaciones que realizó su enemigo político, primer ministro de Hungría y protegido del rey Matías II, el conde Thurzó, (que era su propio primo), donde testigos y cómplices pormenorizaron, ante todo, actividades de brujería.

La verdadera leyenda negra de esta mujer no comenzó a fraguarse hasta los siglos XVIII y XIX, cuando sus supuestas hazañas comenzaron a inspirar a escritores, que las propagaron con rapidez e imaginación.
La leyenda de Isabel Báthory comenzó a extenderse de tal forma que en la actualidad no sabemos exactamente hasta qué punto su feroz ocupación criminal fue producto de un gigantesco morbo que se retroalimentó. Es aquí cuando se cimienta uno de los mitos más conocidos sobre Isabel Báthory: su costumbre de bañarse en la sangre de muchachas para mantener la juventud y belleza. 
El canibalismo, todo tipo de tendencias lésbicas y sádicas y promiscuidad sexual a edad muy temprana, entre otras desviaciones, hicieron acto de presencia. Sin embargo la vampirización de Isabel Báthory fue más temprana, ya que la zona de donde ella procedía siempre tuvo (y tiene) un rico y activo folklore respecto a lo que a estas criaturas se refiere. De hecho, históricamente, los turcos tildaban a los húngaros de vampiros.

No es difícil atisbar en esa conjunción de sangre, engañar el paso del tiempo y Transilvania, la inspiración que llevó a Bram Stoker a unir todas esas referencias con las del belicoso príncipe de Valaquia Vlad Tepes (transilvano de nacimiento) para crear su Drácula

Una de las primeras referencias que encontramos sobre ella es en la obra Tragica Historia (1729) del jesuita László Turóczi, pero es el poema de Taylor Coleridge, Christabel (1800), el primero que recoge el legado de la condesa Báthory Nádasdy para crear una obra literaria original. La figura vampírica femenina, subyugadora, demoníaca y sobrenatural, que despierta en la protagonista emociones y sentimientos de nítida ambigüedad sexual y moral. Lo volvemos a encontrar, de nuevo, en el Carmilla de Sheridan Le Fanù.
Esta sensualización perversa y tan pasional que acompaña a lo vampírico en nuestra visión actual del fenómeno, hunde sus raíces en la figura legendaria de Isabel Báthory
En el mundo del cine está, por ejemplo la maravillosa Ingrid Pitt, encarnación sublime en celuloide de la condesa húngara, incluso en nuestro país tenemos La Novia Ensagrentada de Vicente Aranda
Pero el impacto cultural de la condesa húngara también lo vemos en otros medios afines, de manera abundante, como la música, videojuegos, merchandising de todo tipo o el mundo del cómic. Y ya que hablamos de cómic, imprescindible mencionar la serie Elizabeth Báthory del cordobés Raúlo Cáceres, adaptación libre de este personaje histórico en clave gore y porno.

Sin embargo, regresemos con nuestra protagonista. El primer esfuerzo por describir la psicología de Isabel Báthory, aunque fuera basándose más que en los hechos en la propia leyenda, provino de la poetisa francesa, Valentine Penrose, que decidió profundizar e ir más allá de los crímenes aunque sin restarles el protagonismo.
En su novela gótica La Condesa Sangrienta (1966) narra desde la niñez, la vida de Isabel Báthory hasta su muerte. 
Aclarar que se trata de una novela, no una biografía, aunque introduzca datos biográficos verdaderos, siendo su objetivo centrarse en la mente y vida de la dama. En ella nos presenta a una Isabel Báthory víctima y verdugo a la vez. No la justifica, pero sí hace comprender el contexto en el que surgió el monstruo, o la loba, y cómo se vió arrojada a las fauces de su propia perversión como escapatoria de un mundo que la constreñía.

Penrose nos relata que fue una mujer muy hermosa, inteligente, muy instruida para su tiempo, pero con la gran desventaja de ser mujer. Como la mayoría de las jóvenes nobles, fue tratada como un objeto de transacción entre sus padres y los de su futuro esposo, el conde Ferenç Nádasdy, a la que fue prometida con once años. 
Fue trasladada al castillo de su prometido para ser educada por la que iba a ser su suegra, que la adiestró para que llegara a ser la perfecta esposa de su hijo
Así que madura en una atmósfera de barbarie y crueldad donde se atropellaba la autonomía de las personasenfermando de lo que muchos han considerado el mal más común del siglo XVI (aunque en realidad es la enfermedad de cualquier época en la que domine el autoritarismo): la melancolía, la melaina koléatra bilis, lo que en esa época también significaba estar poseído por el demonio, la enfermedad de Satán, del planeta Saturno.
Aunque sabía leer, sólo le permitían tener acceso a libros religiosos o épicos. Estaba destinada a la simple procreación y su carácter se fue haciendo cada vez más huraño. 
Se rebelaba frente a una vida que no consideraba suya y que le obligaban a representar.
Pero no fue, curiosamente, hasta después de la muerte de su marido, que no comenzó su escalada homicida.
Así que tras el famoso incidente donde una sirvienta torpe tuvo problemas con la cabellera de la Báthory, propinándole ésta un soberano guantazo que hizo brotar sangre y salpicar su mano; Isabel quiso ver que su piel había quedado más tersa y suave, desatándose así el frenesí por la sangre que la llevó a cotas inimaginables de crueldad y salvajismo.
No lo hace sola, se hace acompañar, a parte de por unos cercanos leales lacayos, por la sempiterna figura de la bruja (cómo no) que la inicia en las artes malignas. Darvulia. Y no es hasta que, volviéndose imprudente matando muchachas nobles de la región, que es cazada.

La crueldad de Isabel Báthory no fue sólo su rebelión y venganza, sino también su particular modo de adaptarse a las circunstancias. El concepto del mal en su contexto se relativiza y la brujería aparece como la manifestación de una fuerza que se rebela ante el poder opresor. En la sangre de las víctimas Isabel Báthory reencontraría aquello que le había sido arrebatado, su propia vida. Lógicamente se negaba a envejecer ya que implicaba dejar de ser hermosa perdiendo, así, la única forma de poder a la que había tenido acceso.

Pero, ¿qué lectura histórica se debería hacer sobre esta mujer realmente?
Porque las dudas que surgen son más que razonables.
Aclaremos en primer lugar que, al morir su marido, Isabel Báthory quedó como una de las mujeres más poderosas de centroeuropa, con una gran cantidad de riquezas, patrimonio y poder temidos y deseados por muchos, entre ellos el católico rey de Hungría y futuro Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Matías II, un Habsburgo y linaje rival de la casa Báthory
Isabel carecía de ejército, lo que podía facilitar ciertas maniobras, pero por otro lado el rey de Polonia Esteban I seguía siendo su tío carnal.
Es innegable que era un bocado apetitoso y una mujer en pleno Renacimiento también. No hay que olvidar que fue en esa etapa histórica cuando más brujas se quemaron. Hay que contar también con la recalcitrante misoginia que vinculaba directamente brujería con mujeres y cualquier peculiaridad o desviación en el carácter era síntoma inequívoco de ser bruja. Ergo, Isabel Báthory era bruja.

Hubo irregularidades en el juicio, sus damas de compañía, no testificaron, la propia Báthory se negó a comparecer, amparándose en su título nobiliario, pero todos sus sirvientes fueron interrogados y sus lacayos más allegados condenados a muerte tras confesar
Tras el juicio, todos los testimonios, actas y edictos, la documentación en general del caso, fueran sellados durante un siglo evitando que nadie pudiera reabrir o revisar lo actuado. 
Sus descendientes fueron perseguidos y acusados de alta traición incluso torturados.

Isabel Báthory fue emparedada viva en su propio castillo y, a pesar de que el rey Matías II pidió su ejecución (eso haría más rápido el traspaso de sus bienes y tierras a la Corona húngara), el alto linaje de Isabel Báthory y sus contactos, impidieron su decapitación, muriendo finalmente en 1614.


Todo esto no indulta a Isabel Báthory, sólo plantea dudas razonables sobre la autoría de todos los crímenes que se le imputaron y que forman parte de su leyenda. 
Nadie niega que los nobles de la época tenían actitudes escasamente humanitarias hacia sus siervos, algo muy común desgraciadamente durante la Edad Media y siglos posteriores, y por ello, Isabel Báthory, desde nuestro punto de vista, fue una desalmada y cruel señora  que seguramente torturó y mató a más de un sirviente... ¿pero es cierta la fábula? Difícilmente lo llegaremos ya a saber.


   + info: Siruela
        Raúlo Cáceres



Sea éste nuestro pequeño homenaje a la recientemente fallecida Ingrid Pitt, no la olvidaremos.



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Isabel Báthory (1560-1614) fue una aristócrata húngara, perteneciente a la dinastía centroeuropea de los Báthory, bastante antigua y poderosa, en cuyo seno nacieron Grandes Príncipes, cardenales y reyes.
Sus padres, Anna Báthory de Somlyó y Jorge Báthory de Ecsederan primos hermanos, hijos de voivodas y príncipes transilvanos, siendo la propia Isabel también sobrina carnal del rey Esteban I de Polonia. No era una noble cualquiera, ya que en ella confluían las dos ramas principales de la casa Báthory, los Somlyó y los Ecsed, siendo relevante resaltar también que era protestante
Isabel Báthory es conocida por ser considerada la mayor asesina en masa de la historia de la humanidad. Más de 600 jóvenes entre 12 y 26 años, secuestradas, torturadas y asesinadas aberrantemente tras la muerte de su marido, el conde Ferenç Nádasdy. Está perfectamente documentado el juicio en el que fue procesada tras las investigaciones que realizó su enemigo político, primer ministro de Hungría y protegido del rey Matías II, el conde Thurzó, (que era su propio primo), donde testigos y cómplices pormenorizaron, ante todo, actividades de brujería.

La verdadera leyenda negra de esta mujer no comenzó a fraguarse hasta los siglos XVIII y XIX, cuando sus supuestas hazañas comenzaron a inspirar a escritores, que las propagaron con rapidez e imaginación.
La leyenda de Isabel Báthory comenzó a extenderse de tal forma que en la actualidad no sabemos exactamente hasta qué punto su feroz ocupación criminal fue producto de un gigantesco morbo que se retroalimentó. Es aquí cuando se cimienta uno de los mitos más conocidos sobre Isabel Báthory: su costumbre de bañarse en la sangre de muchachas para mantener la juventud y belleza. 
El canibalismo, todo tipo de tendencias lésbicas y sádicas y promiscuidad sexual a edad muy temprana, entre otras desviaciones, hicieron acto de presencia. Sin embargo la vampirización de Isabel Báthory fue más temprana, ya que la zona de donde ella procedía siempre tuvo (y tiene) un rico y activo folklore respecto a lo que a estas criaturas se refiere. De hecho, históricamente, los turcos tildaban a los húngaros de vampiros.

No es difícil atisbar en esa conjunción de sangre, engañar el paso del tiempo y Transilvania, la inspiración que llevó a Bram Stoker a unir todas esas referencias con las del belicoso príncipe de Valaquia Vlad Tepes (transilvano de nacimiento) para crear su Drácula

Una de las primeras referencias que encontramos sobre ella es en la obra Tragica Historia (1729) del jesuita László Turóczi, pero es el poema de Taylor Coleridge, Christabel (1800), el primero que recoge el legado de la condesa Báthory Nádasdy para crear una obra literaria original. La figura vampírica femenina, subyugadora, demoníaca y sobrenatural, que despierta en la protagonista emociones y sentimientos de nítida ambigüedad sexual y moral. Lo volvemos a encontrar, de nuevo, en el Carmilla de Sheridan Le Fanù.
Esta sensualización perversa y tan pasional que acompaña a lo vampírico en nuestra visión actual del fenómeno, hunde sus raíces en la figura legendaria de Isabel Báthory
En el mundo del cine está, por ejemplo la maravillosa Ingrid Pitt, encarnación sublime en celuloide de la condesa húngara, incluso en nuestro país tenemos La Novia Ensagrentada de Vicente Aranda
Pero el impacto cultural de la condesa húngara también lo vemos en otros medios afines, de manera abundante, como la música, videojuegos, merchandising de todo tipo o el mundo del cómic. Y ya que hablamos de cómic, imprescindible mencionar la serie Elizabeth Báthory del cordobés Raúlo Cáceres, adaptación libre de este personaje histórico en clave gore y porno.

Sin embargo, regresemos con nuestra protagonista. El primer esfuerzo por describir la psicología de Isabel Báthory, aunque fuera basándose más que en los hechos en la propia leyenda, provino de la poetisa francesa, Valentine Penrose, que decidió profundizar e ir más allá de los crímenes aunque sin restarles el protagonismo.
En su novela gótica La Condesa Sangrienta (1966) narra desde la niñez, la vida de Isabel Báthory hasta su muerte. 
Aclarar que se trata de una novela, no una biografía, aunque introduzca datos biográficos verdaderos, siendo su objetivo centrarse en la mente y vida de la dama. En ella nos presenta a una Isabel Báthory víctima y verdugo a la vez. No la justifica, pero sí hace comprender el contexto en el que surgió el monstruo, o la loba, y cómo se vió arrojada a las fauces de su propia perversión como escapatoria de un mundo que la constreñía.

Penrose nos relata que fue una mujer muy hermosa, inteligente, muy instruida para su tiempo, pero con la gran desventaja de ser mujer. Como la mayoría de las jóvenes nobles, fue tratada como un objeto de transacción entre sus padres y los de su futuro esposo, el conde Ferenç Nádasdy, a la que fue prometida con once años. 
Fue trasladada al castillo de su prometido para ser educada por la que iba a ser su suegra, que la adiestró para que llegara a ser la perfecta esposa de su hijo
Así que madura en una atmósfera de barbarie y crueldad donde se atropellaba la autonomía de las personasenfermando de lo que muchos han considerado el mal más común del siglo XVI (aunque en realidad es la enfermedad de cualquier época en la que domine el autoritarismo): la melancolía, la melaina koléatra bilis, lo que en esa época también significaba estar poseído por el demonio, la enfermedad de Satán, del planeta Saturno.
Aunque sabía leer, sólo le permitían tener acceso a libros religiosos o épicos. Estaba destinada a la simple procreación y su carácter se fue haciendo cada vez más huraño. 
Se rebelaba frente a una vida que no consideraba suya y que le obligaban a representar.
Pero no fue, curiosamente, hasta después de la muerte de su marido, que no comenzó su escalada homicida.
Así que tras el famoso incidente donde una sirvienta torpe tuvo problemas con la cabellera de la Báthory, propinándole ésta un soberano guantazo que hizo brotar sangre y salpicar su mano; Isabel quiso ver que su piel había quedado más tersa y suave, desatándose así el frenesí por la sangre que la llevó a cotas inimaginables de crueldad y salvajismo.
No lo hace sola, se hace acompañar, a parte de por unos cercanos leales lacayos, por la sempiterna figura de la bruja (cómo no) que la inicia en las artes malignas. Darvulia. Y no es hasta que, volviéndose imprudente matando muchachas nobles de la región, que es cazada.

La crueldad de Isabel Báthory no fue sólo su rebelión y venganza, sino también su particular modo de adaptarse a las circunstancias. El concepto del mal en su contexto se relativiza y la brujería aparece como la manifestación de una fuerza que se rebela ante el poder opresor. En la sangre de las víctimas Isabel Báthory reencontraría aquello que le había sido arrebatado, su propia vida. Lógicamente se negaba a envejecer ya que implicaba dejar de ser hermosa perdiendo, así, la única forma de poder a la que había tenido acceso.

Pero, ¿qué lectura histórica se debería hacer sobre esta mujer realmente?
Porque las dudas que surgen son más que razonables.
Aclaremos en primer lugar que, al morir su marido, Isabel Báthory quedó como una de las mujeres más poderosas de centroeuropa, con una gran cantidad de riquezas, patrimonio y poder temidos y deseados por muchos, entre ellos el católico rey de Hungría y futuro Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Matías II, un Habsburgo y linaje rival de la casa Báthory
Isabel carecía de ejército, lo que podía facilitar ciertas maniobras, pero por otro lado el rey de Polonia Esteban I seguía siendo su tío carnal.
Es innegable que era un bocado apetitoso y una mujer en pleno Renacimiento también. No hay que olvidar que fue en esa etapa histórica cuando más brujas se quemaron. Hay que contar también con la recalcitrante misoginia que vinculaba directamente brujería con mujeres y cualquier peculiaridad o desviación en el carácter era síntoma inequívoco de ser bruja. Ergo, Isabel Báthory era bruja.

Hubo irregularidades en el juicio, sus damas de compañía, no testificaron, la propia Báthory se negó a comparecer, amparándose en su título nobiliario, pero todos sus sirvientes fueron interrogados y sus lacayos más allegados condenados a muerte tras confesar
Tras el juicio, todos los testimonios, actas y edictos, la documentación en general del caso, fueran sellados durante un siglo evitando que nadie pudiera reabrir o revisar lo actuado. 
Sus descendientes fueron perseguidos y acusados de alta traición incluso torturados.

Isabel Báthory fue emparedada viva en su propio castillo y, a pesar de que el rey Matías II pidió su ejecución (eso haría más rápido el traspaso de sus bienes y tierras a la Corona húngara), el alto linaje de Isabel Báthory y sus contactos, impidieron su decapitación, muriendo finalmente en 1614.


Todo esto no indulta a Isabel Báthory, sólo plantea dudas razonables sobre la autoría de todos los crímenes que se le imputaron y que forman parte de su leyenda. 
Nadie niega que los nobles de la época tenían actitudes escasamente humanitarias hacia sus siervos, algo muy común desgraciadamente durante la Edad Media y siglos posteriores, y por ello, Isabel Báthory, desde nuestro punto de vista, fue una desalmada y cruel señora  que seguramente torturó y mató a más de un sirviente... ¿pero es cierta la fábula? Difícilmente lo llegaremos ya a saber.


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