Grant te agradece la atención

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9 de febrero de 2012

Blues for a Red Planet


A 56.000.000 de kilómetros de distancia, casi con la mitad del diámetro de nuestro hogar, la Tierra, viajando a 24.000 m/s alrededor del sol, Marte es el planeta que más preguntas ha suscitado entre la humanidad, con permiso de nuestro amable satélite la Luna.
Es conocido desde la Antigüedad, el primer nombre que tuvo fue otorgado por los sumerios, Lugalmeslam, que correspondía a una desagradable deidad relacionada con la muerte, las enfermedades y la guerra. En fecha muy temprana fue asimilado al dios Nergal, amante de la temible Ereshkigal, reina de la Tierra del no-retorno; y este Nergal representaba los atributos más destructivos del sol: la furia, el fuego y la muerte. También se la emparejó con Ishtar, la diosa del amor y la fertilidad, lo cual podemos apreciar en el binomio greco-latino Ares-Afrodita o Marte-Venus. Porque si parte de nuestra cosmogonía actual es heredera de la mesopotámica, el caso del planeta Marte no iba a ser una excepción.
Más al este, en la India, el planeta marte recibe el nombre de Angaraka en los Puranas (en el Skanda Purana concretamente) y es representado por la deidad Mangala, nacida del sudor del dios Shiva. Es el dios de la guerra y las ciencias ocultas, rige el día de la semana martes y los signos de Aries y Escorpio.
Al norte, en China, el planeta Marte según la Teoría de los Cinco Elementos o Wu Xing, es llamado estrella de fuego 火星, y su presencia se consideraba un signo de ruina, guerra, dolor y crimen.
Y siendo este pequeño planeta rojo representación de deidades tan poco gratos para la naturaleza humana (aunque los romanos se deleitaban en su faceta más belicista), es casi comprensible que los sentimientos de la humanidad hacia él hayan sido, en su mayor parte, de clara hostilidad, fuente de miedos o amenazas. Aunque también de insaciable anhelo y curiosidad.

Mangala

Se puede considerar que hay casi, casi, un antes y un después en este campo sobre Marte. En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli, observó además de “mares” y “continentes” (como así los nombró y son conocidos en la actualidad) una serie de estructuras lineales que atravesaban ciertas zonas que llamó “desiertos”, por su tonalidad más clara. Schiaparelli llamó a esa densa red de líneas “canales” (canali), que se vertió al inglés mediante un término erróneo (channels, dando a entender que esos “canales” eran artificiales, cuando esa no había sido la intención del astrónomo italiano, sino la de “cauces”, “ramblas” o “depresiones”. No era la primera vez que esas extrañas "marcas" en el planeta habían sido observadas, pero sí cuando fueron cartografiadas
A partir de allí, la idea de vida y una civilización en el planeta rojo se extendió como la pólvora. El adinerado norteamericano Percival Lowell, convencido de que era así, propagó estas ideas a través de tres libros que han sido la inspiración clara de posteriores obras sobre Marte y los marcianos.
Pero anteriormente a este punto de inflexión, ya se escribía sobre Marte, no con tanta fruición, pero tenemos el interesantísimo caso de serendipia entre literatura y ciencia que Jonathan Swift en su obra Los Viajes de Gulliver (1726) nos obsequió:

"Asimismo han descubierto dos estrellas menores o satélites que giran alrededor de Marte, de las cuales la interior dista del centro del planeta primario exactamente tres diámetros de éste, y la exterior, cinco; la primera hace una revolución en el espacio de diez horas, y la última, en veintiuna y media; así que los cuadros de sus tiempos periódicos están casi en igual proporcion a los cubos de su distancia del centro de Marte, lo que evidentemente indica que están sometidas a la misma ley de gravitación que gobierna los demás cuerpos celestes."

Liliputienses diciendo muy educadamente "¡hola!" a Gulliver

Los satélites de Marte, Deimos y Phobos (terror y miedo) no fueron descubiertos hasta 1877, así que gracias a su imaginación, Jonathan Swift se adelantó más de un siglo a su hallazgo científico, y aunque los datos matemáticos con los que los adorna no son muy exactos, no debemos restarle el mérito. No obstante, no fue el único en hablar de dos satélites marcianos antes de su revelación: Johannes Kepler un siglo antes que Swift así lo propuso también, como más adelante haría Voltaire en su cuento filosófico de ciencia ficción Micromegas (1750).


Tras el cataclismo de los canales de Schiaparelli, Marte se colocó en el punto de mira de muchos escritores, articulistas y fabuladores. El público sentía gran interés y seguía con emoción los descubrimientos que acaecían, con lo que el campo estaba abonado. La cantidad de obras que Marte inspiró, ha inspirado y continuará inspirando, es grandiosa, y referirnos a todas sería imposible, así que desde la Tabla Esmeralda vamos a recomendaros la lectura de unas cuantas que, aunque no sean tan famosas como las imprescindibles La Guerra de los Mundos de Wells o las Crónicas Marcianas de Bradbury, sí merecen nuestra atención por su peculiaridad y calidad.


Holmberg


Desde Argentina, Eduardo Ladislao Holmberg escribió en un ya lejano 1875 El maravilloso viaje del señor Nic-Nac al planeta Marte. Holmberg fue un ávido naturalista y viajero en su patria, que le llevó a catalogar su enorme diversidad biológica a través de diversas expediciones científicas, y que plasmó en varias y rotundas obras. Pero no solo escribió sobre botánica o zoología, Holmberg se puede considerar uno de los escritores pioneros de ciencia-ficción en lengua castellana. Sin embargo, El maravilloso viaje del señor Nic-Nac al planeta Marte, esconde en realidad una dura crítica social de sus contemporáneos, como hacía su admirado Dickens (del cual era traductor). No hay naves ni batallas espaciales ni un héroe evidente. Se trata de una expedición, las crónicas de un viaje al estilo de la Divina Comedia de Dante, destacando su medio de transporte hasta el planeta: el viaje astral. Holmberg fue formado como científico y trabajó como tal, lo que no le supuso ningún problema a la hora de relacionarse con los fenómenos del espíritu, que los abordaba como el científico que era: estudiándolos y experimentando con ellos. Otra época, otra mentalidad.


Cruzamos el charco y llegamos a la ciudad de las luces, a París. Allí, el inmensurable maestro del relato corto y cuento de terror, Guy de Maupassant, en el año 1888, escribió El Hombre de Marte, donde nos relata un avistamiento OVNI en toda regla en boca de su propio testigo ocular. Un relato escueto, incómodo y caústico como todos los que este escritor angustioso creaba. Una diminuta gema.


¡castigao!

Aleksei Tolstói, sobrino del gran Lev Tolstói, nació en 1883 en Rusia, fue conocido como el Camarada Conde, fue un genial escritor soviético de ciencia-ficción al que debemos la extraordinaria novela Aelita, de 1922. Sus protagonistas, viajan en un potente cohete a Marte donde descubren que existe una avanzada civilización, con una estructura social muy jerarquizada y gobernada por la nobleza. Tolstói lo que hace es exportar la revolución rusa, no a otros países, sino al espacio exterior. Existe también cierto regusto a Blavastky cuando se explica que el origen de todos los marcianos no es otro mas que la Atlántida, también contiene mensaje ecologista... aunque en el fondo se trata de una tradicional historia de amor entre dos seres de mundos opuestos. Dos años después, en 1924, se hizo su adaptación cinematográfica, una película excepcional y que, aunque se desconozca, fue unos cuantos años anterior al clásico de Fritz Lang Metrópolis... no viceversa. El decorado y atrezzo del film es además sobresaliente, donde cristalizan vanguardias europeas del momento como el expresionismo, el cubismo, el futurismo o el constructivismo, un auténtico espectáculo para la vista.

Aelita, Reina de Marte (1924) de Yakov Protazanov


En 1981, la revista literaria El Pionero de los Urales y la Unión de Escritores de la Federación Rusa, crearon el premio Aelita, dedicado al género de Ciencia Ficción, en honor a la visionaria obra de Tolstói.







No podíamos hablar de Marte sin nombrar a uno de los grandes maestros del cómic: Héctor Germán Oesterheld, que evocó el planeta rojo en diversas ocasiones. 
Por primera vez, en el que se considera un preludio a su genial el Eternauta: Rolo, el marciano adoptivo (1957). En esta historieta se nos cuentan las aventuras y desventuras en un Buenos Aires invadido por los marcianos, de un maestro de primaria que acaba ascendido a héroe nacional de manera involuntaria.
Más adelante, en 1962, publicaría Marcianeros, en la que nos desmenuzó la colonización secreta del planeta Marte llevada a cabo por una serie de científicos que han falseado su muerte y cuya base de operaciones se encuentra en la Antártida. Una historia extraña y clásica a la vez del género de ciencia-ficción. Pero Oesterheld no solo guionizó comics, también escribió novelas y una tanda de micro-relatos, a los que llamó Sondas (1969), donde encontramos uno dedicado al protagonista de hoy titulado Ciencia:

En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño. Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrante, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último por qué. En algún lugar de Marte se halla ese cristal. Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables arenales. Sabemos también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos. Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual”.


Oesterheld, como tantos miles de argentinos, desapareció junto a sus hijas y nietos en el llamado Proceso de Reorganización Nacional que la dictadura militar estaba llevando a cabo. Presumiblemente fue asesinado en 1978, aunque nunca fueron hallados sus restos.


Grande Oesterheld 

Tenéis razón, no hemos nombrado clásicos imprescindibles como las aventuras de John Carter en los Cuentos Marcianos de Edgar Rice Burroughs (de la que pronto habrá adaptación cinematográfica) o su kitsch Una princesa de Marte (1911), de donde procede probablemente la expresión “hombrecitos verdes” para designar a alienígenas. 
El pulp es evidente que suministró raciones contundentes de marcianidad a mansalva. Y del pulp a los guiones de auténtico disparate de la siempre formidable serie B del cine: El planeta rojo Marte, Los invasores de Marte, La furia del planeta Rojo, El día que Marte invadió la tierra... etcétera.  Todas ellas rutilantes y que hacen palidecer a engendros más modernos como esa mediocre Misión a Marte (2000) de Brian de Palma. Eso sí, El hombre langosta de marte (1989) con un fantástico Tony Curtis en su salsa, Desafío Total (1990) basado en un relato corto de Philip K. Dick y Mars Attacks (1996) de Tim Burton, son el ejemplo vivo de que la serie B siempre es más divertida y reconfortante para representar al planeta rojo. Aunque diste millones de megaparsecs de ser fiel a la realidad-



Es imperativo también el referirnos a la laureada Forastero en tierra extraña (1961) de Robert Heinlein así como la trilogía escrita por Kim Stanley Robinson Marte Rojo, Marte Verde y Marte Azul de la década de los noventa. Bestias pardas de la ciencia ficción como el irremplazable Stanislav Lem, también han dedicado letras al planeta belicoso: Ananke y su marte polvoriento son ya lectura obligada así como la descarnada y a veces hilarante Tiempo de Marte de Philip K. Dick. No vamos a proseguir con la lista. Que cada uno escoja su propio pasaje a Marte, aquí solo os hemos recomendado unas cuantas ofertas que no deberíais dejar escapar, pero hay muchas más y hasta mejores.

Servidora, tras haber cumplido su misión, se va a dar un atracón oreos.

El único vicio del Detective Marciano se halla... entre sus dedos


15 de diciembre de 2011

La Historia Sin Fin

 

Michael Ende era de Baviera, nació un 12 de Noviembre de 1929 y escribió libros. Libros mágicos y sorprendentes, libros en los que la dicotomía realidad-fantasía se difuminaba. Él fue el autor de una de las obras más celebradas de los últimos tiempos de literatura juvenil, aunque a él no le agradara especialmente esa etiqueta, un libro que tuvo un éxito comercial apabullante gracias también a un film  que pobremente captaba la auténtica esencia de un volumen repleto de sorpresas filosóficas y compleja simbología. Y es que Ende incluso demandó judicialmente a los productores de la película tras contemplar el desatino y quiso que no se vinculara su obra con semejante producto de consumo exclusivamente infantil. Él mismo, entre otras cosas, comentó lo siguiente: 



Pero las eventualidades quisieron que esta obra fuera en realidad más conocida por esa película que por las letras, y aunque no fuera ni mucho menos la mejor presentación para la novela, la lanzó al estrellato irremediablemente.
Y así sucede que a la mayoría de los fans de la película, insuflados de la nostalgia infantil que todo lo idealiza, defienden el celuloide y no les acaba ni de gustar el libro (la segunda parte, arguyen, es "complicada") ni logran comprender el verdadero trasfondo de la obra.Y los fans del libro suelen renegar de una película (con sus tristísimas secuelas) que no se acerca ni por asomo al barroco y enigmático universo de Ende.
Pero es lo que tiene encasillar obras inclasificables en general. Y la Historia Interminable definitivamente no es para niños.
No obstante, sin ánimo de entrar en polémicas inútiles, esta Tabla Esmeralda está dedicada al libro, ese gran desconocido, no a la película, que no es mas que su reflejo turbio; y, por supuesto, a su autor, Michael Ende.

padre e hijo

Michael Ende era hijo del pintor surrealista Edgar Ende, con el que tuvo siempre una relación muy especial y al que homenajeó en una de sus obrasDer Spiegel im spiegel (1983), El espejo en el espejo, una recopilación de historias laberínticas de corte onírico-borgiano e inesperada violencia y penumbra. Edgar fue un artista de cierta fama y colega de André Breton; de pensamiento platónico y profundamente espiritual, más cercano quizás a William Blake que a la escuela francesa en ideario, aunque sus influencias plásticas eran evidentes: Magritte, de Chirico. El propio Michael diría de su padre: 

"(...) estaba convencido de la realidad de un mundo espiritual, situado más allá de nuestra percepción sensorial. Con esto no debe creerse que él tomara por esa realidad espiritual las imágenes que contemplaba por vía meditativa. Él insistía una y otra vez en que esas imágenes no eran, por supuesto, la realidad espiritual, pero que justamente a través de ellas, a través de lo extraño, curioso, chocante, encontraba su expresión ese mundo espiritual. Según él, el contacto con el verdadero mundo espiritual va unido, sobre todo para el hombre moderno, a una vivencia de shock, precisamente de ahí viene ese miedo subconsciente ante ella, un miedo que suele quedar encubierto bajo la capa de rechazo burlón o escepticismo lógico."

Un hombre singular que no tardó en llamar la atención del régimen nazi que lo proscribió e incluyó dentro de la Entartete Kunst o el Arte Degenerado, junto a otros artistas como Otto Dix o Paul Klee. Pero esa prohibición y el consiguiente exilio en su propia patria, desaparecieron al finalizar la guerra, volviendo a retomar los pinceles hasta su muerte en 1965.


Línea Infinita (1951)

Criado en un ambiente muy cargado a nivel cultural, Michael Ende pasó su infancia y adolescencia; y por si faltaba poco, acudió a una escuela muy especial: una escuela Waldorf. Las escuelas Waldorf tenían (y tienen) un sistema pedagógico revolucionario innovado por su fundador, Rudolf Steiner. Este peculiar filósofo y pedagogo, fue la figura clave para la creación de la Antroposofía, y aunque no compartiera su ideología, trabajó también como secretario general de la Sociedad Teosófica alemana durante años... y era un gran fan de Goethe y Nietzsche. Entre otras muchísimas e interesantes cosas.
Con la dureza de la guerra, su militancia en un grupo anti-nazi (Frente Libre Bávaro) y deserción del ejército a los 16 años, a Michael Ende no le quedó mucho dinero para comenzar sus estudios universitarios, así que optó por la Academia de Artes Escénicas de Munich Otto Falckenberg, afilliada al Teatro de Cámara de la ciudad, para estudiar interpretación, que era lo que más se acercaba a lo que él deseaba ser: escritor de obras teatrales.

Y así, a partir de los años 50, se dedicó a diversas actividades artísticas que fueron desde ser actor, escribir críticas de películas y libros en la radio alemana a ser guionista de números nocturnos para cabarets. Hasta que por fin, en 1960, consiguió el reconocimiento en su patria gracias al  Premio Nacional de Literatura Alemana que recibió por Jim Botón y Lucas el Maquinista.  

Debemos aclarar que Michael Ende no era un autor de literatura infantil, y esta confusión resultó fuente de frustraciones para Ende. Él aseveraba que escribía para niños de 8 a 80 años, que se dirigía al niño interior de todo ser humano, lo que no quiere decir que sus obras sean para peques. Este “estigma” de escritor para niños lo incordió a lo largo de su vida... y no habría tenido nada de malo si lo hubiera sido, pero la cuestión es que no lo fue. 
Es innegable que siempre tuvo una especial tendencia, marca de la casa, de mezclar fantasía y realidad con sorprendente naturalidad; y que quizás por ello se le haya considerado autor para niños o adultos jóvenes de manera injusta. La obra de Ende es bastante compleja  y se debería leer en diferentes niveles.




Pero centrándonos en la obra que hoy nos incumbe, La Historia Interminable, podemos decir que tuvo una génesis singular. Michael Ende tenía planteada una novela corta, pero conforme iba adentrándose en las historias que iba creando, se dió cuenta de que se le estaban yendo de las manos. Solicitó continuas prórrogas a su editor, aplazamientos al no poder controlar el hecho de que el libro crecía y se alimentaba a sí mismo. Ende se encontraba cada vez más imbuído de su propia obra, su progresión le resultó casi incontrolable y le costó alcanzar una conclusión. El mismo proceso creativo del libro hizo honor a su título: se hizo interminable. Pero no todo quedó allí. Esta obra tenía características muy especiales, y exigió por su propia naturaleza, una serie de condiciones físicas de fabricación e impresión, que pospuso todavía más su publicación. 
Pero, finalmente, 3 años después de que se esbozara la primera idea original del libro, en 1979, salió a la luz en Alemania, La Historia Interminable
En España se publicó en 1983 y tuvimos además la gran suerte de contar con uno de los mejores germanistas de estos lares, Miguel Sáenz, que realizó una excelente y minuciosa traducción para Alfaguara.

Las primeras ediciones poseyeron esas peculiaridades que contribuyeron a la demora de su publicación y que, en siguientes ediciones, salvo en las de bolsillo, se fueron respetando: 

- Cubiertas cobre o marrón de aspecto envejecido con un símbolo muy representativo en ella dominando la portada: dos serpientes, una blanca y otra negra, que se muerden la cola una a la otra.

- Letras capitulares ilustradas a manos de Roswitha Quadflieg, bellamente ornamentadas al estilo de las miniaturas medievales.

- Impresión a dos tintascobre y verde esmeralda, como así lo exige tanto el argumento como la misma naturaleza del libro.


...a la otra casa, a la Casa del Cambio

Pero, ¿qué es La Historia Interminable? Pues es un libro dentro de un libro. Una historia dentro de una historia, que está dentro de otra historia y así de manera sin fin...de manera infinita, que invoca la idea de recursividad, del tiempo circular, de que la fantasía y la realidad son parte de lo mismo.
No es casual la elección de Michael Ende, como símbolo globalizador de su obra, de un ouróboros: serpiente o dragón que se muerde a sí misma la cola formando un círculo y que refiere directamente al concepto de eternidad, de la naturaleza cíclica del cosmos, del monismo alquímico que se apoya en Lavoisier para expresar que todo es uno (εν το παν), la unión entre inconsciente-consciente (realidad-fantasía), el concepto filosófico de eterno retorno, etc.

La Historia Interminable de Michael Ende es una alegoría contemporánea magnífica sobre los dilemas que afronta la conciencia en su inmersión en el mundo de los símbolos y los mitos culturales. Un homenaje fabuloso a la historia de la literatura y a la filosofía de todas las épocas y lugares. Su argumento, sintetizado, es el reflejo de ello: la búsqueda vital del protagonista, de sí mismo como ser humano físico y espiritual, y de su verdadera VoluntadUn viaje iniciático para hacer valer la famosa máxima filosófica griega de γνῶθι σεαυτόν, conócete a ti mismo. Esa búsqueda de su verdadera Voluntad es claramente influjo de Nietzsche, cuyo legado se percibe a lo largo de la novela con claridad. Aunque también se advierten a Novalis, Las Mil y una Noches, FreudBorges, Shakespeare o a la Alicia de Carroll. 
Es la búsqueda épica del héroe, como la de Jasón o la de Frodo, rezumante de arquetipos reconocibles que ahondan y renuevan lo atávico. 
Está claro que una lectura superficial del libro, como mero relato de aventuras de dos niños en un mundo quimérico y extraordinario, puede llegar a deslumbrar tanto por su exuberancia que, llegada la segunda parte del libro, la mayor parte de los lectores están ya más que saciados de Fantasía. Y el problema es ese. No es un simple libro de aventuras. El mismo Ende, con habilidad y sutileza, anima a una lectura en un segundo nivel. Y a cada lector además de manera personal y única porque el propio argumento exige en cierta forma su intervención. Si se desea comprender la historia, ya no se puede ser un mero espectador, la conexión libro-lector es necesariamente activa, no pasiva.



El libro, como antes hemos mencionado, está dividido en dos partes y una sin la otra no tienen sentido.

En la primera se nos cuenta del misterioso y prohibido libro que un niño gordo, torpe y carente de afecto, roba de la tiendecita de libros de un malencarado librero llamado Karl Konrad Koreander. Allí, en ese enigmático libro, Bastián Baltasar Bux, el niño cobarde y débil, leerá las aventuras de un niño que es en todo su opuesto: valiente, amado por todo su pueblo y capaz, Atreyu. Este audaz y heroico muchacho, ha sido enviado a una misión: encontrar al salvador de su mundo, Fantasía, que está siendo devorada por una nada que la reduce a la no-existencia. Esa nada además parece estar relacionada con una extraña dolencia que sufre la soberana de su mundo, la Emperatriz Infantil, que lo envía para hallar cura a tamaña desolación. En su búsqueda se unirá el famoso dragón de la buena suerte, Fújur, e irá acompañado también del símbolo de autoridad y poder de la Emperatriz Infantil, el Áuryn, ouróboros omnipresente.
Michael Ende nos conduce hasta el punto de que el que era lector del libro, se convierte en el actor principal de la historia, pues es el único que puede salvar Fantasía. Él, un niño obeso y miedoso, es el héroe que necesita la Emperatriz Infantil para salvar Fantasía otorgándole un nuevo nombre. 
Y así comienza el legendario Enûma Eliš:




"Cuando en lo alto el cielo no
había sido todavía nombrado,
ni había sido llamada con
un nombre abajo la tierra
firme..."



La malota de Tiamat


Este poema babilonio, en sus primeros versos, donde nos indica muy elocuentemente que lo que no tiene nombre NO EXISTE, es el argumento filosófico al que acude Ende para explicarnos que para dar vida a algo hay que nombrarlo, otorgarle su esencia. Y debe ser un acto consciente, voluntario. Pero Bastián, antes de darle un nombre a la Emperatriz, tiene que advertir y aceptar la auténtica realidad a través de la Emperatriz Infantil y la indescifrable figura, arquetípica también, del Viejo de la Montaña Errante, que es el genuino escribiente de La Historia Interminable. Bastián enfrenta el hecho de que él forma parte de esa historia que está leyendo y que su obstinada impasibilidad hacia ella, lo obliga a repetir a él, a todos, una y otra vez, en un bucle sin fin, sus propias vivencias desde el momento en que se hace con el libro hasta entonces. Sólo él dándole un nombre, puede romper ese círculo, ese Eterno Retorno y crear un nuevo camino, su propio camino, donde encontrarse a sí mismo y a su Voluntad Verdadera.


La segunda parte del libro es la inclusión de Bastián en Fantasía.
De lector pasa a ser protagonista de su propia vida. Y es en Fantasía donde comienza una segunda búsqueda mucho más importante que la anterior: que es la de sí mismo. 
Para ello, la Emperatriz Infantil lo dota del Áuryn, también llamado el Esplendor o el Pentáculo, que le concederá todo deseo que surja de su mente pero a un precio: le robará un recuerdo de su vida del mundo real.
A través de sus deseos, va moldeando lo que él cree que es su voluntad, y corre multitud de aventuras donde se va descubriendo que todo es vanidad salvo... 
Y Bastián acaba sin recordar quién era en realidad, aferrado a un último recuerdo que no sabe ni ubicar ni comprender... y que pierde también.


Minroud de Yor, custodio ciego de los sueños perdidos de la humanidad


La Historia Interminable puede interpretarse desde diferentes perspectivas. La más evidente sería la de que fantasía y realidad son necesarias en el proceso de creación de cualquier artista o ser humano. La fantasía se necesita como fuente e inspiración, si se olvida o se pervierte (la nada que destruye en la primera parte del libro) se mata la libertad creativa y la propia creatividad, generando mentiras; y si por el contrario se olvida la realidad centrando la atención y esfuerzos en la fantasía, la mente se pierde en sí misma olvidando el verdadero objetivo de crear en el mundo físico, en la realidad. 

Evidentemente, se podría ir capítulo a capítulo, párrafo a párrafo y desmigajar el simbolismo de cada figura, cada personaje e incluso cada palabra; porque tienen un significado más allá de lo aparente.

Por ejemplo, Atreyu no es solo un niño de piel verde olivácea, valiente e inteligente, no es solo la representación del héroe clásico: es la antítesis de Bastián y por ello, es el mismo Bastián. Ambos son el reflejo de uno y de otro, dos caras de una misma moneda, una serpiente oscura y otra clara que se muerden mutuamente la cola. Así lo vemos, por primera vez, con la llegada de Atreyu a la segunda puerta del Oráculo de Uyulala, la del espejo que revela el auténtico ser del que se mira, donde en vez de verse a sí mismo en su superficie, vislumbra con nitidez a Bastián.

Hay otro ejemplo brillante de esta simbología y alegorías tan propias de Ende como el viaje de Bastián por el Templo de las Mil Puertas, que es un laberinto de la voluntad. Allí se ve obligado a elegir, a escoger una puerta tras otras (cada una de estas puertas es distinta y tiene su propia naturaleza). Una elección le lleva obligatoriamente a otra y así, sin fin, si no logra definir lo que de verdad desea. Ese deseo en la novela es encontrarse con Atreyu, encontrarse a sí mismo. Y después de ello, descubrir algo más. Es también una representación diáfana del recorrido vital de todo ser humano, de lo que se acepta y a lo que se renuncia. Cada elección supone una responsabilidad y una negación de otra opción posible.



                                                                              estás gordo, Griffin


Es comprensible el mosqueo que pilló herr Ende cuando, tras todo lo que intentó evocar y plasmar en su novela, esta quedara reducida a una banal historieta para niños sin chicha alguna. Y no nos estamos refiriendo a que el lenguaje cinematográfico sea distinto del literario, a que las adaptaciones de libros en el cine suelen ser casi siempre decepcionantes en comparación porque eliminan tal subtrama, personaje o modifican tal capítulo; o de las exigencias de cuatro frikazos intransigentes. Lo que indignó a Ende fue que la médula del libro ni siquiera se rozó en la película, reduciéndola a los cuatro tópicos del cine de fantasía Hollywoodienses. Pero obviamente, esa primera adaptación es miel sobre hojuelas si es equiparada con los adefesios que la continuaron, incluidas versiones animadas y series televisivas. Y este traspiés en el cine (a pesar de que sea muy querido por mucha gente) ha impedido durante muchos años (y lo sigue haciendo) una aprehensión y cabal valoración de La Historia Interminable.
Por ello, desde la Tabla Esmeralda, os instamos a abordar esta maravillosa obra con otros ojos, obviando el mundo del celuloide y los prejuicios.

9 de diciembre de 2011

American Flagg!... ya está aquí

Para los amantes de la Ciencia-Ficción y el cómic, llega (¡por fin!) reeditado en un sublime tomo por Norma... American Flagg!, del controvertido Howard Chaykin, del que os hablamos en el actual número de El Ojo Crítico.
Como preludio a lo que será en 2012 uno de los acontecimientos del mundo del cómic, la segunda parte de su malhadado Black Kiss, American Flagg! llega tras una larga espera para el público español en un formato como Luzbel manda.


PsychoChaykin


Esta obra muestra un planeta viviendo en una distopía en la que la ciudad de Los Ángeles de Blade Runner se podría considerar un reflejo almibarado en comparación. Y son las peripecias de su protagonista, el policía Reuben Flagg, las que sirven de esencial excusa para que Chaykin vierta su acre visión de la sociedad norteamericana. Un vituperio en toda regla que rompió esquemas a todos los niveles y cuyo ejemplo fue seguido e imitado hasta la extenuación durante todos los años 90. 
Junto a Watchmen y el Daredevil de Frank Miller, formó la trilogía mágica que llevó al cómic a su plena madurez. Su trascendencia en la novela gráfica es innegable y ampliamente reconocida... así que no pierdas la oportunidad de hacerte con este volumen histórico y disfrutar de la impactante y audaz narración visual de Chaykin junto a un argumento donde el sexo, el humor y las aventuras no pueden faltar. Eso sí, al estilo Chaykin... todo muy perturbador.

30 de octubre de 2011

31 de Octubre: existen otras realidades


Halloween, Todos los Santos, fechas tétricas... sobredosis a niveles subatómicos y macrocósmicos de lo macabro, lo siniestro y, por supuesto, de calabazas. Unos días para experimentar, con moderna frivolidad, el placer mórbido de lo que ha aterrorizado desde tiempos inmemoriales al ser humano: la Muerte. No vamos a añadir más a la epidemia de fantasmas, vampiros y demás fauna sobrenatural que pulula estos días con aroma a maquillaje y azúcar. No.  
En realidad vamos a aterrizar, vamos a bajar desde la terrorífica patria de los espíritus a nuestra prosaica, tangible y no por ello menos sugestiva, realidad terrenal.
Porque en estos dos días de jolgorio desbocado consagrados a unas tinieblas cada vez más mercantiles, hace siglos, hace años, sucedieron cosas que merecen la pena recordarse también.




31 de Octubre de 1517, Wittenberg. Esta pequeña ciudad al este de Alemania, va a ser testigo de un hecho aparentemente trivial, pero que cambiaría la Historia de Europa

Un acto valiente, se podría considerar hasta heroico. 
En la puerta de la Iglesia de Todos los Santos, la mañana de ese día, Martín Lutero clavaría sus célebres 95 tesis, que supondrían el comienzo de la Reforma Protestante.
Un golpe para la preponderancia de la Iglesia Católica, un revés para sus pretensiones políticas y económicas, que fracturarían ideológicamente Europa hasta nuestros días. Las consecuencias históricas fueron innumerables y trascendentales.
Martín Lutero llevó a debate público la falta de piedad religiosa, la corrupción eclesiástica y deslealtad al original espíritu cristiano que se veían claramente destilados en la gota que colmó el vaso de la venta de indulgencias.

Solo Dios puede perdonar las faltas de un pecador; solo se necesita estar realmente arrepentido para lograr la absolución; el purgatorio y el infierno son utilizados como herramientas para dominar a través del miedo y estafar a los creyentes, que a su vez se ven alejados de los auténticos ideales cristianos de caridad y penitencia.

La imprenta de Gutenberg se encargó de propagar el incendio de la Reforma por todos los rincones de los territorios alemanes... y más allá. El resto, como se suele decir, es Historia.


475 años exactamente después, un 31 de Octubre de 1992, el papa Juan Pablo II reconocería solemnemente que la condena impuesta a Galileo Galilei por defender las teorías heliocéntricas copernicanas, fue injusta. Más vale tarde que nunca, eso dicen. A pesar de que el actual papa Benedicto XVI, siga defendiendo la antigua postura de la Iglesia.

Pero seamos justos, también hay cosas positivas a reseñar vinculadas con la Santa Madre Iglesia. Un 31 de Octubre de 1512, fue inaugurada por fin, una de las indudables y más celebérrimas joyas del patrimonio artístico de la Humanidad: Botticelli, Pinturicchio y Miguel Ángel entre otros, contribuirían con sus habilidades a la creación de la Capilla Sixtina, en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano. Aunque no sería finalizada hasta unos años después.


Prosiguiendo en Roma, un 31 de Octubre del año 475, fue coronado el que sería el último emperador del Imperio Romano de Occidente: Romulo Augusto. Un año después, el bárbaro de la tribu de los hérulos Odovacar, lo derrocaría y saquearía Roma, provocando así lo que la historiografía posterior considerará la Caída del Imperio Romano de Occidente y comienzo oficial de la Edad Media
Son muchas las supersticiones que hablan de los malos augurios que conlleva una onomástica real en circunstancias... podríamos decir que extraordinarias: ningún rey debería osar llevar el nombre del fundador del reino a no ser que se desee tentar a la catástrofe y desgracia. El caso de Rómulo Augusto fue por partida doble: nombre del primer rey, Rómulo, y primer emperador romano, Augusto, todo en uno.



Pero no todo van a ser malas noticias... el 31 de Octubre vino al mundo mucha gente, lo que siempre es motivo de alegría y dicha. Desde la infanta Leonor en el 2005, el guitarrista de la banda británica The Smiths Johnny Marr en 1963 hasta la gran arquitecta iraquí Zaha Hadid en 1950, la lista de personajes y personajillos podríamos alargarla bastante.

31 de Octubre de 1795, a las afueras de Londres, el gran poeta John Keats vió la luz. Todo lo que digamos sobre este artista es poco, así que mejor no añadir nada para que seáis vosotros los que indaguéis en su extraordinaria obra. John Keats falleció a los 25 años de edad, en Roma, enfermo de tuberculosis. En su sepulcro se puede leer: Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua.


Un poco más al sur de Roma, en Nápoles, un 31 de Octubre 1929, nació un personaje bastante peculiar. Fue tres veces nadador olímpico y campeón en su patria, Italia; se doctoró en Derecho, es dueño de las aerolíneas religiosas Air Mistral, ha grabado discos, compuesto canciones e incluso ha hecho sus pinitos en política al servicio de Berlusconi. Pero a pesar de todas estas peripecias y más, no se hizo popular a causa de ellas. Hablamos de Carlo Pedersoli , pero es más conocido como Bud Spencer



¿Quién no ha oído hablar del enigmático e indescifrable Manuscrito Voynich
Escrito en un alfabeto y lenguas completamente desconocidos y custodiado en Biblioteca Beinecke de Manuscritos y Libros Raros perteneciente a la Universidade de Yale, en New Haven, Estados Unidos, siempre se ha especulado con una posible falsificación, aunque los últimos estudios realizados por las Universidades de Chicago y Arizona, lo certifican como un documento verdaderamente medieval. ¿Y quién podría haber sido el artífice de tal sofisticada y admirablemente impecable falsificación? Pues la persona que lo halló y adquirió en el Lacio, Italia: el bibliófilo, anticuario y mercader lituano Wilfrid Michael Voynich, que hubiera cumplido 146 años este 31 de Octubre. Un tipo de mucho cuidado, con una biografía fascinante, repleta de claroscuros y que quizás, en una futura Tabla Esmeralda, desgranemos con detenimiento.




Pero aún así, no debemos olvidar que son unos días tradicionalmente designados para recordar a los que se fueron, y el 31 de Octubre nos dijeron adiós, por ejemplo, el pintor Egon Schiele, en 1918 y con apenas 28 años; ocho años después, Harry Houdini moriría también de manera precoz... una peritonitis causada por la inflamación y ruptura del apéndice y agravada por los golpes propinados, tras uno de sus espectáculos, por unos estudiantes que le retaron.  Estas circunstancias pudieron suponer el final de uno de los más grandes artistas, escapìstas e ilusionistas de todos los tiempos. 
Amigo de escritores como Lovecraft o Conan Doyle, aunque con este último finalmente acabaría enfrentándose, Houdini fue un incansable luchador contra los fraudes paranormales y espiritistas, llegando a desenmascarar, gracias a sus amplios y profundos conocimientos de ilusionismo, a multitud de impostores y estafadores. Ofreció diversas recompensas a aquel psíquico que pudiera realmente demostrarle que poseía facultades extrasensoriales. De hecho, creó un código secreto que enseñó a su mujer y que, en caso de su fallecimiento, un médium verdadero debería ser capaz de comunicarle. Cada 31 de Octubre, en el aniversario de la fecha de su muerte, y durante diez años, su viuda realizó diferentes sesiones de espiritismo esperando contactar con el que fuera su marido y pudiera confirmarle su identidad mediante el código secreto. Nunca llegó a suceder.
A partir de entonces, es tradición entre los magos e ilusionistas de todo el globo, hacer una sesión espírita cada 31 de Octubre, en su honor.



Un 31 de Octubre de 1993 fallecería uno de los más importantes guionistas y directores de cine mundial: el italiano Federico Fellini. Suya es la gloria eterna gracias a títulos como El Jeque blanco, La Strada, Las noches de Cabiria, La dolce vita, Amacord, Casanova...
Muchas más cosas sucedieron un 31 de Octubre de algún año olvidado y, lo que es más importante: muchas más sucederán a pesar de nuestros espectros u hórridos criminales. Y nosotros pasaremos y otros llegarán, que vivirán estas fechas de forma muy similar y a la vez muy diferente. Y probablemente algunos hagan como hemos hecho nosotros durante unos minutos, recordar el pasado, recordarnos a nosotros, así que... ánimo y, ¡hagamos historia!



Y no podíamos olvidar que el 31 de Octubre es San Quintín según el santoral católico, así que aprovechamos la ocasión para escuchar a uno de nuestros artistas favoritos, Johnny Cash interpretando la canción homónima. Que disfrutéis.



28 de septiembre de 2011

Un buen consejo antes de comenzar la nueva temporada...



"Tenemos que hacer que los libros vuelvan a molar. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles." - John Waters

Blues for a Red Planet

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A 56.000.000 de kilómetros de distancia, casi con la mitad del diámetro de nuestro hogar, la Tierra, viajando a 24.000 m/s alrededor del sol, Marte es el planeta que más preguntas ha suscitado entre la humanidad, con permiso de nuestro amable satélite la Luna.
Es conocido desde la Antigüedad, el primer nombre que tuvo fue otorgado por los sumerios, Lugalmeslam, que correspondía a una desagradable deidad relacionada con la muerte, las enfermedades y la guerra. En fecha muy temprana fue asimilado al dios Nergal, amante de la temible Ereshkigal, reina de la Tierra del no-retorno; y este Nergal representaba los atributos más destructivos del sol: la furia, el fuego y la muerte. También se la emparejó con Ishtar, la diosa del amor y la fertilidad, lo cual podemos apreciar en el binomio greco-latino Ares-Afrodita o Marte-Venus. Porque si parte de nuestra cosmogonía actual es heredera de la mesopotámica, el caso del planeta Marte no iba a ser una excepción.
Más al este, en la India, el planeta marte recibe el nombre de Angaraka en los Puranas (en el Skanda Purana concretamente) y es representado por la deidad Mangala, nacida del sudor del dios Shiva. Es el dios de la guerra y las ciencias ocultas, rige el día de la semana martes y los signos de Aries y Escorpio.
Al norte, en China, el planeta Marte según la Teoría de los Cinco Elementos o Wu Xing, es llamado estrella de fuego 火星, y su presencia se consideraba un signo de ruina, guerra, dolor y crimen.
Y siendo este pequeño planeta rojo representación de deidades tan poco gratos para la naturaleza humana (aunque los romanos se deleitaban en su faceta más belicista), es casi comprensible que los sentimientos de la humanidad hacia él hayan sido, en su mayor parte, de clara hostilidad, fuente de miedos o amenazas. Aunque también de insaciable anhelo y curiosidad.

Mangala

Se puede considerar que hay casi, casi, un antes y un después en este campo sobre Marte. En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli, observó además de “mares” y “continentes” (como así los nombró y son conocidos en la actualidad) una serie de estructuras lineales que atravesaban ciertas zonas que llamó “desiertos”, por su tonalidad más clara. Schiaparelli llamó a esa densa red de líneas “canales” (canali), que se vertió al inglés mediante un término erróneo (channels, dando a entender que esos “canales” eran artificiales, cuando esa no había sido la intención del astrónomo italiano, sino la de “cauces”, “ramblas” o “depresiones”. No era la primera vez que esas extrañas "marcas" en el planeta habían sido observadas, pero sí cuando fueron cartografiadas
A partir de allí, la idea de vida y una civilización en el planeta rojo se extendió como la pólvora. El adinerado norteamericano Percival Lowell, convencido de que era así, propagó estas ideas a través de tres libros que han sido la inspiración clara de posteriores obras sobre Marte y los marcianos.
Pero anteriormente a este punto de inflexión, ya se escribía sobre Marte, no con tanta fruición, pero tenemos el interesantísimo caso de serendipia entre literatura y ciencia que Jonathan Swift en su obra Los Viajes de Gulliver (1726) nos obsequió:

"Asimismo han descubierto dos estrellas menores o satélites que giran alrededor de Marte, de las cuales la interior dista del centro del planeta primario exactamente tres diámetros de éste, y la exterior, cinco; la primera hace una revolución en el espacio de diez horas, y la última, en veintiuna y media; así que los cuadros de sus tiempos periódicos están casi en igual proporcion a los cubos de su distancia del centro de Marte, lo que evidentemente indica que están sometidas a la misma ley de gravitación que gobierna los demás cuerpos celestes."

Liliputienses diciendo muy educadamente "¡hola!" a Gulliver

Los satélites de Marte, Deimos y Phobos (terror y miedo) no fueron descubiertos hasta 1877, así que gracias a su imaginación, Jonathan Swift se adelantó más de un siglo a su hallazgo científico, y aunque los datos matemáticos con los que los adorna no son muy exactos, no debemos restarle el mérito. No obstante, no fue el único en hablar de dos satélites marcianos antes de su revelación: Johannes Kepler un siglo antes que Swift así lo propuso también, como más adelante haría Voltaire en su cuento filosófico de ciencia ficción Micromegas (1750).


Tras el cataclismo de los canales de Schiaparelli, Marte se colocó en el punto de mira de muchos escritores, articulistas y fabuladores. El público sentía gran interés y seguía con emoción los descubrimientos que acaecían, con lo que el campo estaba abonado. La cantidad de obras que Marte inspiró, ha inspirado y continuará inspirando, es grandiosa, y referirnos a todas sería imposible, así que desde la Tabla Esmeralda vamos a recomendaros la lectura de unas cuantas que, aunque no sean tan famosas como las imprescindibles La Guerra de los Mundos de Wells o las Crónicas Marcianas de Bradbury, sí merecen nuestra atención por su peculiaridad y calidad.


Holmberg


Desde Argentina, Eduardo Ladislao Holmberg escribió en un ya lejano 1875 El maravilloso viaje del señor Nic-Nac al planeta Marte. Holmberg fue un ávido naturalista y viajero en su patria, que le llevó a catalogar su enorme diversidad biológica a través de diversas expediciones científicas, y que plasmó en varias y rotundas obras. Pero no solo escribió sobre botánica o zoología, Holmberg se puede considerar uno de los escritores pioneros de ciencia-ficción en lengua castellana. Sin embargo, El maravilloso viaje del señor Nic-Nac al planeta Marte, esconde en realidad una dura crítica social de sus contemporáneos, como hacía su admirado Dickens (del cual era traductor). No hay naves ni batallas espaciales ni un héroe evidente. Se trata de una expedición, las crónicas de un viaje al estilo de la Divina Comedia de Dante, destacando su medio de transporte hasta el planeta: el viaje astral. Holmberg fue formado como científico y trabajó como tal, lo que no le supuso ningún problema a la hora de relacionarse con los fenómenos del espíritu, que los abordaba como el científico que era: estudiándolos y experimentando con ellos. Otra época, otra mentalidad.


Cruzamos el charco y llegamos a la ciudad de las luces, a París. Allí, el inmensurable maestro del relato corto y cuento de terror, Guy de Maupassant, en el año 1888, escribió El Hombre de Marte, donde nos relata un avistamiento OVNI en toda regla en boca de su propio testigo ocular. Un relato escueto, incómodo y caústico como todos los que este escritor angustioso creaba. Una diminuta gema.


¡castigao!

Aleksei Tolstói, sobrino del gran Lev Tolstói, nació en 1883 en Rusia, fue conocido como el Camarada Conde, fue un genial escritor soviético de ciencia-ficción al que debemos la extraordinaria novela Aelita, de 1922. Sus protagonistas, viajan en un potente cohete a Marte donde descubren que existe una avanzada civilización, con una estructura social muy jerarquizada y gobernada por la nobleza. Tolstói lo que hace es exportar la revolución rusa, no a otros países, sino al espacio exterior. Existe también cierto regusto a Blavastky cuando se explica que el origen de todos los marcianos no es otro mas que la Atlántida, también contiene mensaje ecologista... aunque en el fondo se trata de una tradicional historia de amor entre dos seres de mundos opuestos. Dos años después, en 1924, se hizo su adaptación cinematográfica, una película excepcional y que, aunque se desconozca, fue unos cuantos años anterior al clásico de Fritz Lang Metrópolis... no viceversa. El decorado y atrezzo del film es además sobresaliente, donde cristalizan vanguardias europeas del momento como el expresionismo, el cubismo, el futurismo o el constructivismo, un auténtico espectáculo para la vista.

Aelita, Reina de Marte (1924) de Yakov Protazanov


En 1981, la revista literaria El Pionero de los Urales y la Unión de Escritores de la Federación Rusa, crearon el premio Aelita, dedicado al género de Ciencia Ficción, en honor a la visionaria obra de Tolstói.







No podíamos hablar de Marte sin nombrar a uno de los grandes maestros del cómic: Héctor Germán Oesterheld, que evocó el planeta rojo en diversas ocasiones. 
Por primera vez, en el que se considera un preludio a su genial el Eternauta: Rolo, el marciano adoptivo (1957). En esta historieta se nos cuentan las aventuras y desventuras en un Buenos Aires invadido por los marcianos, de un maestro de primaria que acaba ascendido a héroe nacional de manera involuntaria.
Más adelante, en 1962, publicaría Marcianeros, en la que nos desmenuzó la colonización secreta del planeta Marte llevada a cabo por una serie de científicos que han falseado su muerte y cuya base de operaciones se encuentra en la Antártida. Una historia extraña y clásica a la vez del género de ciencia-ficción. Pero Oesterheld no solo guionizó comics, también escribió novelas y una tanda de micro-relatos, a los que llamó Sondas (1969), donde encontramos uno dedicado al protagonista de hoy titulado Ciencia:

En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño. Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrante, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último por qué. En algún lugar de Marte se halla ese cristal. Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables arenales. Sabemos también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos. Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual”.


Oesterheld, como tantos miles de argentinos, desapareció junto a sus hijas y nietos en el llamado Proceso de Reorganización Nacional que la dictadura militar estaba llevando a cabo. Presumiblemente fue asesinado en 1978, aunque nunca fueron hallados sus restos.


Grande Oesterheld 

Tenéis razón, no hemos nombrado clásicos imprescindibles como las aventuras de John Carter en los Cuentos Marcianos de Edgar Rice Burroughs (de la que pronto habrá adaptación cinematográfica) o su kitsch Una princesa de Marte (1911), de donde procede probablemente la expresión “hombrecitos verdes” para designar a alienígenas. 
El pulp es evidente que suministró raciones contundentes de marcianidad a mansalva. Y del pulp a los guiones de auténtico disparate de la siempre formidable serie B del cine: El planeta rojo Marte, Los invasores de Marte, La furia del planeta Rojo, El día que Marte invadió la tierra... etcétera.  Todas ellas rutilantes y que hacen palidecer a engendros más modernos como esa mediocre Misión a Marte (2000) de Brian de Palma. Eso sí, El hombre langosta de marte (1989) con un fantástico Tony Curtis en su salsa, Desafío Total (1990) basado en un relato corto de Philip K. Dick y Mars Attacks (1996) de Tim Burton, son el ejemplo vivo de que la serie B siempre es más divertida y reconfortante para representar al planeta rojo. Aunque diste millones de megaparsecs de ser fiel a la realidad-



Es imperativo también el referirnos a la laureada Forastero en tierra extraña (1961) de Robert Heinlein así como la trilogía escrita por Kim Stanley Robinson Marte Rojo, Marte Verde y Marte Azul de la década de los noventa. Bestias pardas de la ciencia ficción como el irremplazable Stanislav Lem, también han dedicado letras al planeta belicoso: Ananke y su marte polvoriento son ya lectura obligada así como la descarnada y a veces hilarante Tiempo de Marte de Philip K. Dick. No vamos a proseguir con la lista. Que cada uno escoja su propio pasaje a Marte, aquí solo os hemos recomendado unas cuantas ofertas que no deberíais dejar escapar, pero hay muchas más y hasta mejores.

Servidora, tras haber cumplido su misión, se va a dar un atracón oreos.

El único vicio del Detective Marciano se halla... entre sus dedos


La Historia Sin Fin

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Michael Ende era de Baviera, nació un 12 de Noviembre de 1929 y escribió libros. Libros mágicos y sorprendentes, libros en los que la dicotomía realidad-fantasía se difuminaba. Él fue el autor de una de las obras más celebradas de los últimos tiempos de literatura juvenil, aunque a él no le agradara especialmente esa etiqueta, un libro que tuvo un éxito comercial apabullante gracias también a un film  que pobremente captaba la auténtica esencia de un volumen repleto de sorpresas filosóficas y compleja simbología. Y es que Ende incluso demandó judicialmente a los productores de la película tras contemplar el desatino y quiso que no se vinculara su obra con semejante producto de consumo exclusivamente infantil. Él mismo, entre otras cosas, comentó lo siguiente: 



Pero las eventualidades quisieron que esta obra fuera en realidad más conocida por esa película que por las letras, y aunque no fuera ni mucho menos la mejor presentación para la novela, la lanzó al estrellato irremediablemente.
Y así sucede que a la mayoría de los fans de la película, insuflados de la nostalgia infantil que todo lo idealiza, defienden el celuloide y no les acaba ni de gustar el libro (la segunda parte, arguyen, es "complicada") ni logran comprender el verdadero trasfondo de la obra.Y los fans del libro suelen renegar de una película (con sus tristísimas secuelas) que no se acerca ni por asomo al barroco y enigmático universo de Ende.
Pero es lo que tiene encasillar obras inclasificables en general. Y la Historia Interminable definitivamente no es para niños.
No obstante, sin ánimo de entrar en polémicas inútiles, esta Tabla Esmeralda está dedicada al libro, ese gran desconocido, no a la película, que no es mas que su reflejo turbio; y, por supuesto, a su autor, Michael Ende.

padre e hijo

Michael Ende era hijo del pintor surrealista Edgar Ende, con el que tuvo siempre una relación muy especial y al que homenajeó en una de sus obrasDer Spiegel im spiegel (1983), El espejo en el espejo, una recopilación de historias laberínticas de corte onírico-borgiano e inesperada violencia y penumbra. Edgar fue un artista de cierta fama y colega de André Breton; de pensamiento platónico y profundamente espiritual, más cercano quizás a William Blake que a la escuela francesa en ideario, aunque sus influencias plásticas eran evidentes: Magritte, de Chirico. El propio Michael diría de su padre: 

"(...) estaba convencido de la realidad de un mundo espiritual, situado más allá de nuestra percepción sensorial. Con esto no debe creerse que él tomara por esa realidad espiritual las imágenes que contemplaba por vía meditativa. Él insistía una y otra vez en que esas imágenes no eran, por supuesto, la realidad espiritual, pero que justamente a través de ellas, a través de lo extraño, curioso, chocante, encontraba su expresión ese mundo espiritual. Según él, el contacto con el verdadero mundo espiritual va unido, sobre todo para el hombre moderno, a una vivencia de shock, precisamente de ahí viene ese miedo subconsciente ante ella, un miedo que suele quedar encubierto bajo la capa de rechazo burlón o escepticismo lógico."

Un hombre singular que no tardó en llamar la atención del régimen nazi que lo proscribió e incluyó dentro de la Entartete Kunst o el Arte Degenerado, junto a otros artistas como Otto Dix o Paul Klee. Pero esa prohibición y el consiguiente exilio en su propia patria, desaparecieron al finalizar la guerra, volviendo a retomar los pinceles hasta su muerte en 1965.


Línea Infinita (1951)

Criado en un ambiente muy cargado a nivel cultural, Michael Ende pasó su infancia y adolescencia; y por si faltaba poco, acudió a una escuela muy especial: una escuela Waldorf. Las escuelas Waldorf tenían (y tienen) un sistema pedagógico revolucionario innovado por su fundador, Rudolf Steiner. Este peculiar filósofo y pedagogo, fue la figura clave para la creación de la Antroposofía, y aunque no compartiera su ideología, trabajó también como secretario general de la Sociedad Teosófica alemana durante años... y era un gran fan de Goethe y Nietzsche. Entre otras muchísimas e interesantes cosas.
Con la dureza de la guerra, su militancia en un grupo anti-nazi (Frente Libre Bávaro) y deserción del ejército a los 16 años, a Michael Ende no le quedó mucho dinero para comenzar sus estudios universitarios, así que optó por la Academia de Artes Escénicas de Munich Otto Falckenberg, afilliada al Teatro de Cámara de la ciudad, para estudiar interpretación, que era lo que más se acercaba a lo que él deseaba ser: escritor de obras teatrales.

Y así, a partir de los años 50, se dedicó a diversas actividades artísticas que fueron desde ser actor, escribir críticas de películas y libros en la radio alemana a ser guionista de números nocturnos para cabarets. Hasta que por fin, en 1960, consiguió el reconocimiento en su patria gracias al  Premio Nacional de Literatura Alemana que recibió por Jim Botón y Lucas el Maquinista.  

Debemos aclarar que Michael Ende no era un autor de literatura infantil, y esta confusión resultó fuente de frustraciones para Ende. Él aseveraba que escribía para niños de 8 a 80 años, que se dirigía al niño interior de todo ser humano, lo que no quiere decir que sus obras sean para peques. Este “estigma” de escritor para niños lo incordió a lo largo de su vida... y no habría tenido nada de malo si lo hubiera sido, pero la cuestión es que no lo fue. 
Es innegable que siempre tuvo una especial tendencia, marca de la casa, de mezclar fantasía y realidad con sorprendente naturalidad; y que quizás por ello se le haya considerado autor para niños o adultos jóvenes de manera injusta. La obra de Ende es bastante compleja  y se debería leer en diferentes niveles.




Pero centrándonos en la obra que hoy nos incumbe, La Historia Interminable, podemos decir que tuvo una génesis singular. Michael Ende tenía planteada una novela corta, pero conforme iba adentrándose en las historias que iba creando, se dió cuenta de que se le estaban yendo de las manos. Solicitó continuas prórrogas a su editor, aplazamientos al no poder controlar el hecho de que el libro crecía y se alimentaba a sí mismo. Ende se encontraba cada vez más imbuído de su propia obra, su progresión le resultó casi incontrolable y le costó alcanzar una conclusión. El mismo proceso creativo del libro hizo honor a su título: se hizo interminable. Pero no todo quedó allí. Esta obra tenía características muy especiales, y exigió por su propia naturaleza, una serie de condiciones físicas de fabricación e impresión, que pospuso todavía más su publicación. 
Pero, finalmente, 3 años después de que se esbozara la primera idea original del libro, en 1979, salió a la luz en Alemania, La Historia Interminable
En España se publicó en 1983 y tuvimos además la gran suerte de contar con uno de los mejores germanistas de estos lares, Miguel Sáenz, que realizó una excelente y minuciosa traducción para Alfaguara.

Las primeras ediciones poseyeron esas peculiaridades que contribuyeron a la demora de su publicación y que, en siguientes ediciones, salvo en las de bolsillo, se fueron respetando: 

- Cubiertas cobre o marrón de aspecto envejecido con un símbolo muy representativo en ella dominando la portada: dos serpientes, una blanca y otra negra, que se muerden la cola una a la otra.

- Letras capitulares ilustradas a manos de Roswitha Quadflieg, bellamente ornamentadas al estilo de las miniaturas medievales.

- Impresión a dos tintascobre y verde esmeralda, como así lo exige tanto el argumento como la misma naturaleza del libro.


...a la otra casa, a la Casa del Cambio

Pero, ¿qué es La Historia Interminable? Pues es un libro dentro de un libro. Una historia dentro de una historia, que está dentro de otra historia y así de manera sin fin...de manera infinita, que invoca la idea de recursividad, del tiempo circular, de que la fantasía y la realidad son parte de lo mismo.
No es casual la elección de Michael Ende, como símbolo globalizador de su obra, de un ouróboros: serpiente o dragón que se muerde a sí misma la cola formando un círculo y que refiere directamente al concepto de eternidad, de la naturaleza cíclica del cosmos, del monismo alquímico que se apoya en Lavoisier para expresar que todo es uno (εν το παν), la unión entre inconsciente-consciente (realidad-fantasía), el concepto filosófico de eterno retorno, etc.

La Historia Interminable de Michael Ende es una alegoría contemporánea magnífica sobre los dilemas que afronta la conciencia en su inmersión en el mundo de los símbolos y los mitos culturales. Un homenaje fabuloso a la historia de la literatura y a la filosofía de todas las épocas y lugares. Su argumento, sintetizado, es el reflejo de ello: la búsqueda vital del protagonista, de sí mismo como ser humano físico y espiritual, y de su verdadera VoluntadUn viaje iniciático para hacer valer la famosa máxima filosófica griega de γνῶθι σεαυτόν, conócete a ti mismo. Esa búsqueda de su verdadera Voluntad es claramente influjo de Nietzsche, cuyo legado se percibe a lo largo de la novela con claridad. Aunque también se advierten a Novalis, Las Mil y una Noches, FreudBorges, Shakespeare o a la Alicia de Carroll. 
Es la búsqueda épica del héroe, como la de Jasón o la de Frodo, rezumante de arquetipos reconocibles que ahondan y renuevan lo atávico. 
Está claro que una lectura superficial del libro, como mero relato de aventuras de dos niños en un mundo quimérico y extraordinario, puede llegar a deslumbrar tanto por su exuberancia que, llegada la segunda parte del libro, la mayor parte de los lectores están ya más que saciados de Fantasía. Y el problema es ese. No es un simple libro de aventuras. El mismo Ende, con habilidad y sutileza, anima a una lectura en un segundo nivel. Y a cada lector además de manera personal y única porque el propio argumento exige en cierta forma su intervención. Si se desea comprender la historia, ya no se puede ser un mero espectador, la conexión libro-lector es necesariamente activa, no pasiva.



El libro, como antes hemos mencionado, está dividido en dos partes y una sin la otra no tienen sentido.

En la primera se nos cuenta del misterioso y prohibido libro que un niño gordo, torpe y carente de afecto, roba de la tiendecita de libros de un malencarado librero llamado Karl Konrad Koreander. Allí, en ese enigmático libro, Bastián Baltasar Bux, el niño cobarde y débil, leerá las aventuras de un niño que es en todo su opuesto: valiente, amado por todo su pueblo y capaz, Atreyu. Este audaz y heroico muchacho, ha sido enviado a una misión: encontrar al salvador de su mundo, Fantasía, que está siendo devorada por una nada que la reduce a la no-existencia. Esa nada además parece estar relacionada con una extraña dolencia que sufre la soberana de su mundo, la Emperatriz Infantil, que lo envía para hallar cura a tamaña desolación. En su búsqueda se unirá el famoso dragón de la buena suerte, Fújur, e irá acompañado también del símbolo de autoridad y poder de la Emperatriz Infantil, el Áuryn, ouróboros omnipresente.
Michael Ende nos conduce hasta el punto de que el que era lector del libro, se convierte en el actor principal de la historia, pues es el único que puede salvar Fantasía. Él, un niño obeso y miedoso, es el héroe que necesita la Emperatriz Infantil para salvar Fantasía otorgándole un nuevo nombre. 
Y así comienza el legendario Enûma Eliš:




"Cuando en lo alto el cielo no
había sido todavía nombrado,
ni había sido llamada con
un nombre abajo la tierra
firme..."



La malota de Tiamat


Este poema babilonio, en sus primeros versos, donde nos indica muy elocuentemente que lo que no tiene nombre NO EXISTE, es el argumento filosófico al que acude Ende para explicarnos que para dar vida a algo hay que nombrarlo, otorgarle su esencia. Y debe ser un acto consciente, voluntario. Pero Bastián, antes de darle un nombre a la Emperatriz, tiene que advertir y aceptar la auténtica realidad a través de la Emperatriz Infantil y la indescifrable figura, arquetípica también, del Viejo de la Montaña Errante, que es el genuino escribiente de La Historia Interminable. Bastián enfrenta el hecho de que él forma parte de esa historia que está leyendo y que su obstinada impasibilidad hacia ella, lo obliga a repetir a él, a todos, una y otra vez, en un bucle sin fin, sus propias vivencias desde el momento en que se hace con el libro hasta entonces. Sólo él dándole un nombre, puede romper ese círculo, ese Eterno Retorno y crear un nuevo camino, su propio camino, donde encontrarse a sí mismo y a su Voluntad Verdadera.


La segunda parte del libro es la inclusión de Bastián en Fantasía.
De lector pasa a ser protagonista de su propia vida. Y es en Fantasía donde comienza una segunda búsqueda mucho más importante que la anterior: que es la de sí mismo. 
Para ello, la Emperatriz Infantil lo dota del Áuryn, también llamado el Esplendor o el Pentáculo, que le concederá todo deseo que surja de su mente pero a un precio: le robará un recuerdo de su vida del mundo real.
A través de sus deseos, va moldeando lo que él cree que es su voluntad, y corre multitud de aventuras donde se va descubriendo que todo es vanidad salvo... 
Y Bastián acaba sin recordar quién era en realidad, aferrado a un último recuerdo que no sabe ni ubicar ni comprender... y que pierde también.


Minroud de Yor, custodio ciego de los sueños perdidos de la humanidad


La Historia Interminable puede interpretarse desde diferentes perspectivas. La más evidente sería la de que fantasía y realidad son necesarias en el proceso de creación de cualquier artista o ser humano. La fantasía se necesita como fuente e inspiración, si se olvida o se pervierte (la nada que destruye en la primera parte del libro) se mata la libertad creativa y la propia creatividad, generando mentiras; y si por el contrario se olvida la realidad centrando la atención y esfuerzos en la fantasía, la mente se pierde en sí misma olvidando el verdadero objetivo de crear en el mundo físico, en la realidad. 

Evidentemente, se podría ir capítulo a capítulo, párrafo a párrafo y desmigajar el simbolismo de cada figura, cada personaje e incluso cada palabra; porque tienen un significado más allá de lo aparente.

Por ejemplo, Atreyu no es solo un niño de piel verde olivácea, valiente e inteligente, no es solo la representación del héroe clásico: es la antítesis de Bastián y por ello, es el mismo Bastián. Ambos son el reflejo de uno y de otro, dos caras de una misma moneda, una serpiente oscura y otra clara que se muerden mutuamente la cola. Así lo vemos, por primera vez, con la llegada de Atreyu a la segunda puerta del Oráculo de Uyulala, la del espejo que revela el auténtico ser del que se mira, donde en vez de verse a sí mismo en su superficie, vislumbra con nitidez a Bastián.

Hay otro ejemplo brillante de esta simbología y alegorías tan propias de Ende como el viaje de Bastián por el Templo de las Mil Puertas, que es un laberinto de la voluntad. Allí se ve obligado a elegir, a escoger una puerta tras otras (cada una de estas puertas es distinta y tiene su propia naturaleza). Una elección le lleva obligatoriamente a otra y así, sin fin, si no logra definir lo que de verdad desea. Ese deseo en la novela es encontrarse con Atreyu, encontrarse a sí mismo. Y después de ello, descubrir algo más. Es también una representación diáfana del recorrido vital de todo ser humano, de lo que se acepta y a lo que se renuncia. Cada elección supone una responsabilidad y una negación de otra opción posible.



                                                                              estás gordo, Griffin


Es comprensible el mosqueo que pilló herr Ende cuando, tras todo lo que intentó evocar y plasmar en su novela, esta quedara reducida a una banal historieta para niños sin chicha alguna. Y no nos estamos refiriendo a que el lenguaje cinematográfico sea distinto del literario, a que las adaptaciones de libros en el cine suelen ser casi siempre decepcionantes en comparación porque eliminan tal subtrama, personaje o modifican tal capítulo; o de las exigencias de cuatro frikazos intransigentes. Lo que indignó a Ende fue que la médula del libro ni siquiera se rozó en la película, reduciéndola a los cuatro tópicos del cine de fantasía Hollywoodienses. Pero obviamente, esa primera adaptación es miel sobre hojuelas si es equiparada con los adefesios que la continuaron, incluidas versiones animadas y series televisivas. Y este traspiés en el cine (a pesar de que sea muy querido por mucha gente) ha impedido durante muchos años (y lo sigue haciendo) una aprehensión y cabal valoración de La Historia Interminable.
Por ello, desde la Tabla Esmeralda, os instamos a abordar esta maravillosa obra con otros ojos, obviando el mundo del celuloide y los prejuicios.

American Flagg!... ya está aquí

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Para los amantes de la Ciencia-Ficción y el cómic, llega (¡por fin!) reeditado en un sublime tomo por Norma... American Flagg!, del controvertido Howard Chaykin, del que os hablamos en el actual número de El Ojo Crítico.
Como preludio a lo que será en 2012 uno de los acontecimientos del mundo del cómic, la segunda parte de su malhadado Black Kiss, American Flagg! llega tras una larga espera para el público español en un formato como Luzbel manda.


PsychoChaykin


Esta obra muestra un planeta viviendo en una distopía en la que la ciudad de Los Ángeles de Blade Runner se podría considerar un reflejo almibarado en comparación. Y son las peripecias de su protagonista, el policía Reuben Flagg, las que sirven de esencial excusa para que Chaykin vierta su acre visión de la sociedad norteamericana. Un vituperio en toda regla que rompió esquemas a todos los niveles y cuyo ejemplo fue seguido e imitado hasta la extenuación durante todos los años 90. 
Junto a Watchmen y el Daredevil de Frank Miller, formó la trilogía mágica que llevó al cómic a su plena madurez. Su trascendencia en la novela gráfica es innegable y ampliamente reconocida... así que no pierdas la oportunidad de hacerte con este volumen histórico y disfrutar de la impactante y audaz narración visual de Chaykin junto a un argumento donde el sexo, el humor y las aventuras no pueden faltar. Eso sí, al estilo Chaykin... todo muy perturbador.

Feliz cumpleaños, Carl

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Este 9 de Noviembre Carl Sagan hubiera cumplido 77 años.



31 de Octubre: existen otras realidades

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Halloween, Todos los Santos, fechas tétricas... sobredosis a niveles subatómicos y macrocósmicos de lo macabro, lo siniestro y, por supuesto, de calabazas. Unos días para experimentar, con moderna frivolidad, el placer mórbido de lo que ha aterrorizado desde tiempos inmemoriales al ser humano: la Muerte. No vamos a añadir más a la epidemia de fantasmas, vampiros y demás fauna sobrenatural que pulula estos días con aroma a maquillaje y azúcar. No.  
En realidad vamos a aterrizar, vamos a bajar desde la terrorífica patria de los espíritus a nuestra prosaica, tangible y no por ello menos sugestiva, realidad terrenal.
Porque en estos dos días de jolgorio desbocado consagrados a unas tinieblas cada vez más mercantiles, hace siglos, hace años, sucedieron cosas que merecen la pena recordarse también.




31 de Octubre de 1517, Wittenberg. Esta pequeña ciudad al este de Alemania, va a ser testigo de un hecho aparentemente trivial, pero que cambiaría la Historia de Europa

Un acto valiente, se podría considerar hasta heroico. 
En la puerta de la Iglesia de Todos los Santos, la mañana de ese día, Martín Lutero clavaría sus célebres 95 tesis, que supondrían el comienzo de la Reforma Protestante.
Un golpe para la preponderancia de la Iglesia Católica, un revés para sus pretensiones políticas y económicas, que fracturarían ideológicamente Europa hasta nuestros días. Las consecuencias históricas fueron innumerables y trascendentales.
Martín Lutero llevó a debate público la falta de piedad religiosa, la corrupción eclesiástica y deslealtad al original espíritu cristiano que se veían claramente destilados en la gota que colmó el vaso de la venta de indulgencias.

Solo Dios puede perdonar las faltas de un pecador; solo se necesita estar realmente arrepentido para lograr la absolución; el purgatorio y el infierno son utilizados como herramientas para dominar a través del miedo y estafar a los creyentes, que a su vez se ven alejados de los auténticos ideales cristianos de caridad y penitencia.

La imprenta de Gutenberg se encargó de propagar el incendio de la Reforma por todos los rincones de los territorios alemanes... y más allá. El resto, como se suele decir, es Historia.


475 años exactamente después, un 31 de Octubre de 1992, el papa Juan Pablo II reconocería solemnemente que la condena impuesta a Galileo Galilei por defender las teorías heliocéntricas copernicanas, fue injusta. Más vale tarde que nunca, eso dicen. A pesar de que el actual papa Benedicto XVI, siga defendiendo la antigua postura de la Iglesia.

Pero seamos justos, también hay cosas positivas a reseñar vinculadas con la Santa Madre Iglesia. Un 31 de Octubre de 1512, fue inaugurada por fin, una de las indudables y más celebérrimas joyas del patrimonio artístico de la Humanidad: Botticelli, Pinturicchio y Miguel Ángel entre otros, contribuirían con sus habilidades a la creación de la Capilla Sixtina, en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano. Aunque no sería finalizada hasta unos años después.


Prosiguiendo en Roma, un 31 de Octubre del año 475, fue coronado el que sería el último emperador del Imperio Romano de Occidente: Romulo Augusto. Un año después, el bárbaro de la tribu de los hérulos Odovacar, lo derrocaría y saquearía Roma, provocando así lo que la historiografía posterior considerará la Caída del Imperio Romano de Occidente y comienzo oficial de la Edad Media
Son muchas las supersticiones que hablan de los malos augurios que conlleva una onomástica real en circunstancias... podríamos decir que extraordinarias: ningún rey debería osar llevar el nombre del fundador del reino a no ser que se desee tentar a la catástrofe y desgracia. El caso de Rómulo Augusto fue por partida doble: nombre del primer rey, Rómulo, y primer emperador romano, Augusto, todo en uno.



Pero no todo van a ser malas noticias... el 31 de Octubre vino al mundo mucha gente, lo que siempre es motivo de alegría y dicha. Desde la infanta Leonor en el 2005, el guitarrista de la banda británica The Smiths Johnny Marr en 1963 hasta la gran arquitecta iraquí Zaha Hadid en 1950, la lista de personajes y personajillos podríamos alargarla bastante.

31 de Octubre de 1795, a las afueras de Londres, el gran poeta John Keats vió la luz. Todo lo que digamos sobre este artista es poco, así que mejor no añadir nada para que seáis vosotros los que indaguéis en su extraordinaria obra. John Keats falleció a los 25 años de edad, en Roma, enfermo de tuberculosis. En su sepulcro se puede leer: Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua.


Un poco más al sur de Roma, en Nápoles, un 31 de Octubre 1929, nació un personaje bastante peculiar. Fue tres veces nadador olímpico y campeón en su patria, Italia; se doctoró en Derecho, es dueño de las aerolíneas religiosas Air Mistral, ha grabado discos, compuesto canciones e incluso ha hecho sus pinitos en política al servicio de Berlusconi. Pero a pesar de todas estas peripecias y más, no se hizo popular a causa de ellas. Hablamos de Carlo Pedersoli , pero es más conocido como Bud Spencer



¿Quién no ha oído hablar del enigmático e indescifrable Manuscrito Voynich
Escrito en un alfabeto y lenguas completamente desconocidos y custodiado en Biblioteca Beinecke de Manuscritos y Libros Raros perteneciente a la Universidade de Yale, en New Haven, Estados Unidos, siempre se ha especulado con una posible falsificación, aunque los últimos estudios realizados por las Universidades de Chicago y Arizona, lo certifican como un documento verdaderamente medieval. ¿Y quién podría haber sido el artífice de tal sofisticada y admirablemente impecable falsificación? Pues la persona que lo halló y adquirió en el Lacio, Italia: el bibliófilo, anticuario y mercader lituano Wilfrid Michael Voynich, que hubiera cumplido 146 años este 31 de Octubre. Un tipo de mucho cuidado, con una biografía fascinante, repleta de claroscuros y que quizás, en una futura Tabla Esmeralda, desgranemos con detenimiento.




Pero aún así, no debemos olvidar que son unos días tradicionalmente designados para recordar a los que se fueron, y el 31 de Octubre nos dijeron adiós, por ejemplo, el pintor Egon Schiele, en 1918 y con apenas 28 años; ocho años después, Harry Houdini moriría también de manera precoz... una peritonitis causada por la inflamación y ruptura del apéndice y agravada por los golpes propinados, tras uno de sus espectáculos, por unos estudiantes que le retaron.  Estas circunstancias pudieron suponer el final de uno de los más grandes artistas, escapìstas e ilusionistas de todos los tiempos. 
Amigo de escritores como Lovecraft o Conan Doyle, aunque con este último finalmente acabaría enfrentándose, Houdini fue un incansable luchador contra los fraudes paranormales y espiritistas, llegando a desenmascarar, gracias a sus amplios y profundos conocimientos de ilusionismo, a multitud de impostores y estafadores. Ofreció diversas recompensas a aquel psíquico que pudiera realmente demostrarle que poseía facultades extrasensoriales. De hecho, creó un código secreto que enseñó a su mujer y que, en caso de su fallecimiento, un médium verdadero debería ser capaz de comunicarle. Cada 31 de Octubre, en el aniversario de la fecha de su muerte, y durante diez años, su viuda realizó diferentes sesiones de espiritismo esperando contactar con el que fuera su marido y pudiera confirmarle su identidad mediante el código secreto. Nunca llegó a suceder.
A partir de entonces, es tradición entre los magos e ilusionistas de todo el globo, hacer una sesión espírita cada 31 de Octubre, en su honor.



Un 31 de Octubre de 1993 fallecería uno de los más importantes guionistas y directores de cine mundial: el italiano Federico Fellini. Suya es la gloria eterna gracias a títulos como El Jeque blanco, La Strada, Las noches de Cabiria, La dolce vita, Amacord, Casanova...
Muchas más cosas sucedieron un 31 de Octubre de algún año olvidado y, lo que es más importante: muchas más sucederán a pesar de nuestros espectros u hórridos criminales. Y nosotros pasaremos y otros llegarán, que vivirán estas fechas de forma muy similar y a la vez muy diferente. Y probablemente algunos hagan como hemos hecho nosotros durante unos minutos, recordar el pasado, recordarnos a nosotros, así que... ánimo y, ¡hagamos historia!



Y no podíamos olvidar que el 31 de Octubre es San Quintín según el santoral católico, así que aprovechamos la ocasión para escuchar a uno de nuestros artistas favoritos, Johnny Cash interpretando la canción homónima. Que disfrutéis.



Un buen consejo antes de comenzar la nueva temporada...

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"Tenemos que hacer que los libros vuelvan a molar. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles." - John Waters